Las Batu Caves son una de las visitas recomendadas cuando se visita Kuala Lumpur. Deben su nombre al río homónimo y hay dos grandes razones para visitarlas: la primera y más obvia, la enooorme estatua dorada del dios Murugan, el dios de la guerra y de la victoria. Hace más de 42 metros y su vista es imponente y majestuosa. No es de extrañar entonces que sea uno de los templos hindúes más populares fuera de la India.

Sin embargo, los que viven y mandan aquí no son los indios, ni los turistas, ni siquiera su religión, sino la segunda gran razón para venir a sus cuevas: los monos. Decenas de primates de todos los tamaños pueblan las cuevas a sus anchas, muchos de ellos con crías colgadas de su tripa, en busca de algo que comer -ofrecido o no por un humano- o algo que robar. Las cuevas en sí están bien, ¡pero vaya! Que nos conquistaron los monos.

CÓMO LLEGAR

Las Batu Caves están apenas a 15 km de la urbe y se puede llegar mediante transporte público en autobús y tren. Para nosotros lo más sencillo y barato fue tomar el tren: se puede coger el KTM en cualquiera de sus estaciones y dirigirse hasta la última parada de la línea azul, dirección Batu Caves. Mucha pérdida no tiene. Es cómodo, barato y rápido. Nosotros lo tomamos desde la parada Kuala Lumpur (que es la más cercana a Chinatown) y tardamos unos 25 minutos en llegar.

Batu Caves

Estación KTM

BATU CAVES Y ALREDEDORES

Al salir de la estación y a mano izquierda, hay una primera estatua de color verde, que sino me equivoco representa uno de los símbolos adorados por la religión hindú: un toro. Un poco más al fondo se encuentra un templo y detrás, una de las cuevas secundarias de Batu Caves.

Batu Caves

Toro

De camino a la cueva principal, las Batu Caves, hay otras cuevas secundarias. Tengo que decir que no entramos en ninguna de ellas, porque parecían “de pega”. La decoración del exterior y cómo eran anunciadas expresamente para turistas no nos dio mucha confianza. En todas ellas hay que pagar, excepto en la principal, la de Murugan (¿¡qué sentido tiene eso!?).

Batu Caves

Una de las cuevas secundarias

No tardarás mucho en llegar hasta la plaza con la estatua del dios Murugan. Desde luego, ¡hay que verla! Es una obra de arte magnífica. Impone muchísimo. Aquí empieza la subida a las cuevas.

Las mujeres, si van con pantalones cortos, tendrán que cubrirse las piernas con un pañuelo para entrar. La escalera -de 272 escalones- para llegar a la cueva es bastante dura porque hace muchísimo calor. Un calor infernal, apabullante. No he sudado tanto en mi vida.

Ya que subes, puedes hacer una pequeña gran acción y llevar hasta arriba un cubo con material de construcción o un par de ladrillos. La cueva está siempre en continúa restauración. Ricard llevó dos cubos hasta arriba y tengo que decir que yo sólo lo documenté. 😛

Batu Caves

La buena acción del día

Todo el trayecto lo harás acompañado por monos. No lleves comida en la mano ni cosas que puedan llamarles la atención, porque te la pueden quitar. Vimos dos robos de botellas de agua en un momento. 😀

Para nosotros, que jamás habíamos visto monos en libertad, fue una experiencia preciosa. Son unos animales tan cercanos a nosotros, tan inteligentes. Ver a las crías abrazadas a sus madres y los gestos que comparten es algo mágico. Es una complicidad totalmente genuina, humana. La naturaleza es grande.

Eso sí: me doy cuenta de que estos animales son “libres”, pero tan dependientes de los humanos en cuanto a su alimentación que es un poco triste.

Batu Caves

Monitos. ¡Son como nosotros! Ten corazón cuando viajes.

En otro orden de cosas, no des comida extraña a los monos. Si bien es cierto que parecen vivir de la comida que les da la gente o de lo que rebuscan en la basura, ten un poco de cabeza. Nada de chucherías, bolsas de patatas fritas u otras basuras alimenticias. Es malo para ellos, para su dieta y para su comportamiento. Sé consciente.

La caverna tiene un aire muy místico pese a que haya mucha gente: al ser tan grande, no da la sensación de estar abarrotada. Hay varios puntos donde se han creado santuarios para permitir rezar a los creyentes. Las paredes de piedra envuelven la caverna y crecen hasta el cielo. En dichas paredes, los monos saltan, comen, juegan y en muchas ocasiones observan perplejos el despliegue de sus congéneres humanos, imagino que preguntándose cómo hemos acabado así. 😀

Batu Caves

Batu Caves

Aquí arriba se encuentra el templo principal de las cuevas, donde en el décimo mes del año, según el calendario hindú, se celebra un famosísimo festival conocido como Thaipusam, que atrae a muchísimos fieles.

Teníamos miedo de que estuviera muy lleno de turistas porque fuimos a eso de las 12 de la mañana, pero no hubo ningún problema. Hay turistas pero al menos, ese día, nada por lo que preocuparse. Lo único, ¡mirad el horario del tren! Nosotros fuimos fuera de hora punta y apenas había frecuencia, así que tuvimos que esperar más de una hora.

Cuando os canséis o si no tenéis prisa para regresar a Kuala Lumpur, bajo la estatua de Murungan hay tres o cuatro sitios donde comer. Nosotros entramos en uno de ellos, un indio donde tomamos un menú en una hoja de banana.

Esta excursión no tomará más de tres o cuatro horas y yendo con tranquilidad, así que es la escapada ideal de medio día para huir del bullicio de la capital. ¿Habéis estado en Batu Caves? ¿Qué os ha parecido?