BUDAPEST, REINA DE EUROPA CENTRAL

Budapest me parece una de las ciudades europeas más bonitas. Es Europa Central; es distinta a nuestros vecinos más cercanos, y se nota. La historia húngara se ha venido ungiendo a través de dolor y del aprendizaje de ese dolor. Mucho pasó en la capital durante la Segunda Guerra Mundial y los húngaros no han olvidado, sino que han mantenido viva la llama del fuego de la revolución. Pasear por Budapest es ver lo que ocurrió en el pasado y el deseo de un futuro mejor, y eso se ve a través de los numerosos monumentos en favor de la paz y la libertad, se respira en los ruin pubs y se siente en la propia arquitectura de la ciudad.

Aparte de ello, Budapest es sinceramente preciosa. El Danubio, los puentes, ese fabuloso y atrevido Parlamento… No tiene pérdida. Además, es fácil de recorrer e incita a aventurarse en ella. Estos fueron mis imprescindibles en mi viaje, sin ningún orden en particular:

Viaje al pasado 

Como podréis comprobar en vuestro viaje, Budapest es una ciudad que cuenta mucho de su pasado y que no tiene miedo en recordar lo malo para mejorar el presente. Una de las historias que podemos encontrar, fuera de las rutas turísticas, es el Hospital en la Roca, llamado así precisamente porque está construido en la roca de la Colina del Castillo de Buda.

Este hospital fue diseñado para atender a los heridos durante la II Guerra Mundial. A la práctica, fue lugar de refugio, acogida y muerte. Más de 700 personas pasaron por el hospital, sobrepasando por mucho su capacidad y llegando a pasar verdaderos horrores de dolor, higiene, hambre… Si queréis saber más podéis leer este buen artículo de Viajes de Ark o, mejor aún, apuntar esta visita para vuestro próximo viaje a Budapest.

Budapest

Hospital in the rock

Mercado Central de Budapest 

Construido a finales del siglo XIX, es 100% parte de Budapest. Se puede comer aquí, aunque no especialmente barato como yo había leído, y de hecho es fuente de numerosas quejas de los locales que, pese a no dejar de venir, aseguran un incremento de los precios desde su creación, acentuados en en la reconstrucción tras la II GM y que intuyo que no han dejado de crecer desde entonces. Eso sí: está llenísimo. En la planta de arriba, donde se sirve comida, tienes que pelearte para un bocadillo (¡es broma!, pero casi que sí).

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La Colina Géllert

235 metros; una Ciudadela amenazante en su punto más alto, armado con 60 cañones. También en la Colina Géllert encontraremos la Estatua de la Libertad, desde luego no tan impresionante como la de Nueva York pero sí con un buen pedazo de pasado. Fue erigida, en un primer momento, en honor a los héroes soviéticos que liberaron Hungría… hasta que vino la revolución, claro. Ahora la estatua y su inscripción están dedicadas a todos aquellos que lucharon por el país y su independencia.

El camino y las vistas son muy bonitos. Abrigaos, que yo pasé un frío…

Historia: nos perdimos en la vuelta, porque quisimos bajar por otro lado. Pero cuando digo que nos perdimos no es como otras veces que lo he dicho… nos perdimos bastante seriamente. Yo ya me veía haciendo un fuego y durmiendo en una cueva. Por suerte, todo lo que sube tiene que bajar, así que bajando bajando llegamos a la carretera, y ahí ya recuperamos el rumbo.

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Castillo de Buda

Es la residencia histórica de los reyes de Hungría y visita obligada. Espectacular tanto de lejos como de cerca, es parte de las vistas de Budapest y cada uno de sus rincones está cuidado al milímetro. Me encantaron las fachadas, los arcos, los jardines, las estatuas… Una joya arquitectónica. Aquí también se encuentra el Museo de de Historia de Budapest.

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Fisherman’s Bastion (Bastión de los Pescadores)

Precioso: se quedará en tus retinas mucho tiempo. Este lugar fue mi favorito de Budapest y me encantaría volver a recorrerlo. Está junto a la orilla del Danubio y se puede disfrutar de una vista estupenda de Pest. No os decepcionará, os lo prometo. Es una colina encantada.

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Zapatos en el Danubio

Una obra de arte a modo de recordatorio: zapatos oxidados delante de un río que ha visto muchas penurias. ¿Habéis visto The Leftovers? Estos zapatos serían el símil de los Guilty Remnants: no está permitido olvidar. Pasear por aquí te dejará mal cuerpo durante un buen rato, y con razón. ¿Es necesario? Definitivamente . El monumento de los zapatos conmemora a los judíos que fueron arrojados al Danubio durante la II Guerra Mundial. Hombres, mujeres y niños eran alineados delante del río y fusilados, no sin antes ordenarles que se quitaran los zapatos para quedárselos. El día que nosotros visitamos este pedazo de historia, una mujer estaba dejando flores dentro de los zapatos.

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Plaza de los Héroes

Hungría fue fundada por siete tribus. Las estatuas representativas de cada tribu se encuentran en la Plaza de los Héroes, al final de la famosa y larga como un día sin pan Avenida Andrássy. ¡Qué avenida, señor! La plaza es bonita y hay que verla, aunque en mi humilde opinión quizá le falta algo para que el trayecto merezca la pena. Menos mal que no muy lejos están los Baños.

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Parlamento

Sencillamente, número 1 de “Cosas que hacer en Budapest” según TripAdvisor. Tanta gente no puede estar equivocada, ¿no? Si esto no es suficiente para despertar tu curiosidad, te diré que SÍ, debes ir, es magnífico, y que tiene una buena visita guiada en muchos idiomas disponibles.

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La Ópera

Es uno de los edificios más importantes de Budapest. Recomiendo mucho la visita (que es guiada), ya que explica cosas muy interesantes sobre el edificio. Una anécdota es que cuando se construyó, en el siglo XIX, la única condición que se le impuso al arquitecto es que no fuera más grande que la ópera de Viena. Esto se debe a que el emperador que financió la Ópera era, en efecto, austríaco.

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Puente de las cadenas y el Danubio

Es el puente que une las antiguas ciudades de Buda y Pest, y que ahora conforman la capital. Está reconstruido, pues fue dinamitado durante la II Guerra Mundial. Como colofón tiene dos grandes leones de piedra salvaguardando el puente. Es una imagen típica de la ciudad. Del Danubio poco puedo decir, salvo maravillarme.

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Tomar un baño en los Baños Széchenyi

Y es que aparte de poder estar hasta tarde, el hecho de estar en una piscina al aire libre, cuando el aire está helado y el agua está bien caliente… Un lujo para los sentidos. Hay varias piscinas, interiores y exteriores, y una cultura bien extendida de jugar al ajedrez entre los locales (sí, como lo leéis), que jugarán con vosotros sin problema. Una delicia. Eso sí, hay que buscar un día en el que no esté lleno de excursiones de colegios/institutos, o estropeará un poco la experiencia.

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Ruin pubs

Los ruin pubs, tal y como su propio nombre indica, son bares en ruinas, literalmente. Los edificios en los que hay dichos bares son viejos, de más de 100 años, medio derruidos; llenos de un caos y un desorden muy particular. En ellos se aboga por la cultura y la diversión y son uno de los puntos más interesantes y auténticos de Budapest, pues los húngaros salen de fiesta por dichos bares noche tras noche. La primera vez que entré en uno me sorprendieron los andamios (sí… andamios), los conos y otros elementos propios de un edificio en plena (re)construcción. Hay que visitarlos: son muy divertidos y característicos.

Fijaos si me lo pasé bien en los ruin pubs que no tengo ni una sola foto decente para poner.

Bonus track para amantes del terror: el laberinto de Drácula

A mí me encantó. Muy cerca del castillo de Buda, en una calle sin muchos alardes, se encuentra una puerta con un parco cartel que da la bienvenida al Laberinto de Drácula. Las escaleras que descienden llevan directamente a los túneles bajo el castillo, y pronto te verás envuelto en un laberinto oscuro y con una atmósfera ciertamente opresiva. Cuando fuimos nosotros había muy poca gente -apenas nos cruzamos con un par de parejas- por lo que aumentaba la tensión. Hay una parte del trayecto en la que todo está completamente a oscuras y debes guiarte con tus otros sentidos, y me marcó muchísimo. Es una visita que recomendaría, aunque haya gente a la que le parece un timo por lo poco que realmente se aprende sobre Drácula. Para mí ese no es el fin, sino la experiencia sensorial.

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Creepy

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