Día 5. Chiang Mai: Elephant Jungle Sanctuary, turismo consciente

Elephant Jungle Sanctuary

Día 5. Chiang Mai: Elephant Jungle Sanctuary, turismo consciente

Es importante, cuando vamos de viaje, no hacer “turistadas” que perjudiquen a los demás, ni a nuestro planeta. Hacerte una foto con un tigre, para mí es una “turistada”, y de las gordas, además. El tigre con el que te haces la foto está drogado, enjaulado y apartado de su hábitat natural… para que tú tengas una foto. Con ese y muchos otros animales suceden cosas parecidas, en distintas partes del mundo: hay una demanda por parte del turista extranjero de la que se aprovechan las mafias que trafican con animales.

En Tailandia, el lucro viene con los elefantes. ¿Crees que montar un elefante no supone ningún daño?

  • Para que un elefante se someta, “lo rompen”. Rompen su espíritu. Puedes leer un artículo muy interesante escrito por Brian O’Biren aquí. Básicamente, se lo maltrata desde pequeño hasta que aprende a hacer determinadas cosas a base de golpes: hacer piruetas, pintar cuadros o dejarse montar todo el día en un mismo circuito.
  • Debido a este negocio, quedan muy pocos elefantes salvajes en Tailandia.
  • No toda esperanza esta perdida. Todavía quedan los llamados santuarios o refugios. Con esto también hay bastante ambigüedad. Lo que está claro es que si vas a un santuario donde te dicen que podrás montar al elefante, es que no es un santuario. Infórmate bien primero. Ir a un santuario supone ir a alimentarlos, bañarlos y sacar algunas fotos si te apetece. Nada más.
  • Y lo que quiero aclarar y lo que me parece más importante: estos refugios no son la panacea. Un elefante, como animal salvaje, debe ser libre, y nunca estará mejor que en libertad.
  • Todos hemos hecho turistadas. No pasa nada. Aprendamos de nuestros errores.

Después de todo esto, vamos al grano. El santuario al que fuimos nosotros fue el Elephant Jungle Sanctuary. Nosotros contratamos la excursión mediante el hotel el día anterior y costó 60 euros por cabeza. Así que por la mañana vino una camioneta a recogernos (una camioneta muy apañada, todo hay que decirlo, ya me entenderéis los que habéis ido en songthaew) y después recogió a todos los demás, hotel por hotel, hasta que estuvimos todos apelotonados ahí dentro. El santuario está en el quinto pino, literal.

Hicimos una parada técnica aquí para desayunar. Estábamos pensando, “¿y los elefantes?” Pues no quedaba nada…

Después de dos largas horas de trayecto, empezamos a subir y subir y a meternos en plena jungla. Ay madre, ¡dónde nos llevan!

Elephant Jungle Sanctuary

Allí, chiquititos, estaban los elefantes. En este refugio solo cuidan estos pocos. Casi todos han sido rescatados de negocios de “pasear al turista”, pero ¡uno de ellos ha nacido aquí!

Una vez en el lugar, los cuidadores dan una pequeña charla sobre cómo alimentan y cuidan a los elefantes. Nuestro cuidador fue maravilloso explicándonos todo lo que queríamos saber y respondiendo preguntas. Después, nos dieron un manojo de plátanos y fuimos a alimentarlos :). Es increíble verlos acercarse a ti. Es una imagen inolvidable.

Elephant Jungle Sanctuary
Almas gemelas
Elephant Jungle Sanctuary
¿Pueden ser más adorables?

Elephant Jungle Sanctuary Elephant Jungle Sanctuary

A mediodía hicimos una pausa para comer. Nos trajeron un bufé muy apañado con arroz, verduras… todos descansamos. A continuación nos enseñaron a preparar una “medicina” para los elefantes, hecha con una fruta concreta y arroz, que les ayuda a que su sistema digestivo funcione mejor. Y… ¡fuimos a dársela!

Finalmente, lo mejor del día: fuimos con los elefantes al barro (¡esto es muy liberador!) y a bañarnos a la cascada. Los elefantes lo disfrutan, y nosotros, todavía más. Es una experiencia única en la vida, e incluso hay opciones para hacer voluntariado. Lo recomiendo muchísimo, ya sea este santuario u otro, hay bastantes con buenas críticas en Chiang Mai. Como sea, vuelves a casa un poquito más feliz.

 

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