Lo que te pierdes por no ir a Estambul

Estambul

Cuando fui a Turquía, hace dos años, hice el mismo ritual que hago normalmente: después de decidirme, hablé con mi madre y le dije “me voy de viaje”. Ella, ya acostumbrada a mis súbitas escapadas sin avisos ni preámbulos, y para colmo cada vez más lejos, me preguntó: “¿a dónde vais ahora?”. Respondí: “Estambul”, y su rostro se ensombreció como si le hubiera dicho que me iba a la guerra.

¡Por favor! No seamos ridículos. Tenemos tantos miedos y prejuicios infundados, totalmente irracionales y totalmente falsos, alimentados por lo que vemos en la tele, por lo que nos cuentan amigos de amigos de amigos, por lo que nosotros creemos que sucederá si (condicional).

Tengo más miedo de viajar en los cercanías de RENFE que de poner un pie en Turquía. En serio. ¿Que me puede caer una bomba? Sí, y también si voy a Barcelona. Y no por ello dejaré de ir a un sitio u a otro. También me puede atropellar un coche al salir de mi casa, así que si consideramos todas las posibilidades, nuestro mundo sería reducido a una burbuja o una caja de cristal. No podemos dejar de hacer nuestra vida día tras día ni sucumbir al miedo que provoca el terrorismo y el desconocimiento. Eso es justamente lo que anhelan. Tenemos que seguir yendo a mercadillos navideños, a conciertos multitudinarios, a países lejanos. La gente, per se, no es mala. Eso creo firmemente.

Unos días antes de nuestro vuelo a Estambul hubo un atentado en el aeropuerto de Atatürk. Mi pareja y yo tuvimos miedo. “¿Deberíamos ir?“, nos planteamos. No tardamos mucho en decidirnos. Claro que teníamos que ir. ¡Claro! ¿Cómo podíamos quedarnos en casa, cambiar nuestros planes, temblar ante las terribles posibilidades que podían ocurrir?

Ahora, os dejo con el artículo.


LO QUE TE PIERDES POR NO IR A ESTAMBUL

SI ES TU PRIMERA VEZ EN ASIA…

O incluso si es tu primera vez visitando una cultura distinta… te volverá loco. Estambul es el camino fácil a Asia, pues es muy parecida al resto de Europa en muchas cosas, y al mismo tiempo, una puerta de entrada a un mundo completamente distinto. Para mí, que hasta entonces solo había visto la vieja y bella Europa, Turquía me sacudió desde dentro y me hizo descubrir cosas que no creía poder sentir. Ingenua de mí, quizás ya daba por hecho que todas las grandes ciudades, en el fondo, eran iguales. Estambul despertó en mí ganas renovadas de ver más, viajar más, conocer otras culturas, entender otras religiones, conocer nuevos rostros y perder el miedo a estar rodeada de gente que es distinta a mí.

SULTANAHMET y TAKSIM, DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Si Estambul es la ciudad de las dos caras, Sultanahmet sería la cara que se oculta entre las sombras. Es el distrito misterioso, tradicional, lleno de rincones ocultos y grandes maravillas a la vista. Taksim es alegre, desenfrenada, bulliciosa y ciertamente europeizada. La calle principal de Taksim no se diferencia demasiado de otras avenidas de capitales europeas, pues está llena de boutiques, cadenas de ropa internacionales y otras delicias para el turista más manirroto.

Si bien Taksim es divertida y desafiante, un reto a los engranajes de la cultura musulmana, no estoy segura de que sea el camino a seguir para mejorar. Me quedo con Sultanahmet, que dice mucho más con su callada tradición.

Estambul
Viajar te pondrá cabeza abajo, como a esta estatua

VIVIR COMO UN OTOMANO

Nos alojamos en el Ottoman Hotel Park. No es por presumir, pero es uno de los mejores hoteles en los que he estado en toda mi vida y a un precio irrisorio. La habitación en la que estuvimos era para soñar con ella en cuanto la abandonabas. Además, el trato fue estupendo.

Pero en realidad, este es un punto un poco triste. Turquía está en sus horas bajas en cuanto a turismo: la gente tiene miedo a visitar la capital turca, así que está más barato que nunca, y si yo ya me lo encontré barato hace dos años, no quiero ni imaginar cómo estarán ahora los alojamientos.

Estambul

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MEZQUITAS DE ENSUEÑO

Mi primer gran deslumbramiento en la ciudad fue la Mezquita Azul. Para llegar a ella hay que cruzar unos arcos, con lo cual no se ve la Mezquita hasta que la tienes delante, imponiéndose y embelleciendo todo a su alrededor. Me dejó la boca abierta y estuve un buen rato contemplando… eso. Es una obra de arte hecha mezquita. Luego, Santa Sofía. Otro monstruo arquitectónico sacado directamente de una postal exótica.

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LOS GATOS DE ESTAMBUL

¡Menuda tontería!, pensarás. Pero pregúntale a cualquiera que haya viajado a Estambul. Sus calles están llenas de gatos, que lejos de ser huidizos y malcarados, te darán mimos y carantoñas a cambio de… mimos y comida (más bien comida, sí). Encontramos montones de gatos en Estambul, todos ellos bien alimentados, limpios y sin miedo a las personas. La gente los cuida y los respeta. No tengo ni idea de por qué se da esto, pues no sucede lo mismo con los perros, pero los gatos son ya un icono de la ciudad. Nos encariñamos con tantos y de tal manera que hubo una tarde en la que, sentados en el camino de vuelta desde la montaña Pierre Loti, perdimos más de hora y media haciendo monerías con uno de ellos.

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A este le pusimos Topkapi

NAVEGAR EL BÓSFORO

Y es que los barcos del Bósforo te llevarán, por un precio tan bajo o alto como desees, a surcar sus hermosas aguas. ¿Por qué digo esto? Porque puedes contratar un yate de lujo, o viajar como un local más y pagar por un trayecto de un barrio a otro menos que si pagaras un billete de metro en la ciudad condal. No hace falta que os diga cuál fue nuestra elección, ¿verdad? Tomamos unos cuantos barcos y nos encantó cómo la gente los utilizaba como si fueran simples autobuses, para ir de un lugar a otro de Estambul. Además, el Bósforo es sencillamente precioso.

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HACER UNA SHISHA

Imprescindible en Estambul. Hacer una shisha regada con té turco no tiene precio, y si lo tuviera, ¡sería mucho más caro de lo que vale! Cerca de nuestro hotel había unos cuantos bares donde cada día nos ofrecían ir a tomar algo. Uno de esos días decidimos entrar en uno de esos antros envueltos en sombras y probar una de esas famosas pipas de agua. Nada que ver con la cachimba pequeña y destartalada que tenemos en casa.

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VIVIR LA HOSPITALIDAD TURCA

Los turcos son muy educados y hospitalarios. Es muy probable que te miren si eres extranjero, pues llamas la atención, pero nada más allá de la curiosidad. En varias ocasiones entablamos conversación tanto con gente de la calle como con meseros, chefs o mujeres que, tímidas y sonrientes tras el hijab, fueron encantadoras y buenas conversadoras con nosotros. Aunque solo han pasado dos años, tengo la sensación de que ha pasado mucho tiempo desde que viajé a Turquía, pero sus gentes cambiaron algo en aquella yo tan jovencita e ignorante. 

No todo fue perfecto, claro. No se puede negar que su religión es machista hasta el tuétano (aunque no olvidemos que la nuestra también lo es) y llegué a discutir con el dueño de un restaurante que no quería aceptar mi dinero pero sí el de mi novio. Bueno: ¡solo digo que al final pagué yo, y con sonrisas incluidas! También tuve que vestir el hijab para poder visitar ciertas mezquitas, y en algunos barrios más conservadores observaban mi pelo suelto con sorpresa, lo que me llevaba a indignarme. Pero nada de ello empañó un viaje lleno de descubrimientos personales. Cada uno debe sacar un aprendizaje de las experiencias que vive, comprender que no todo el mundo vive igual que uno, y que para mejorar el mundo en el que vivimos hay que dar oportunidades.


Un secreto: esto no es ni el 1% de lo que os perdéis si no vais a Estambul. Estoy escribiendo más entradas, qué visitamos, qué comimos, qué hicimos durante los 10 días que estuvimos en Estambul y que se nos pasaron volando, literalmente.

Por favor, viajad. Que ni el terrorismo ni los prejuicios os hagan ser menos de lo que sois. Es un cliché, pero no por ello menos ciertos: viajar es la cura contra el racismo. Viajar os hará libres; como nada lo hará jamás.

2 comentarios

  1. ¡Me encanta! Di que sí. Yo también fui y me pareció espectacular. No hice una shisha jaja. Y tú ¡ guapa en la foto!
    Tienes toda la razón, también estuve hace dos años y todo muy bien, seguro. Los precios de risa, ahora me imagino que más aún.
    ¡Un saludo!

    1. Sí señor, a mí es que me cambió el chip por completo. No hacer una shisha es perdonable si no te gusta 😛 también disfruté mucho la comida, me volvía loca con los desayunos del hotel y tengo pensada una entrada sobre eso.
      Yo también sentí la ciudad segurísima. Es una pena que esté la situación como esté ahora mismo 🙁
      ¡¡Un beso!!

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