He estado muy desaparecida del blog esta semana, ¡pero con razones! Y es que aparte de mi trabajo de 40 horas del que os hablé en la entrada anterior, he hecho mis dos primeras colaboraciones o guest posts con otros dos bloggers: primero, con Zeneida de Travel Me Softly. Le expliqué cómo fue mi primera vez en un hostal. Y anteayer mismo publiqué con David de Cuaderno de Viaje una ruta histórica en Budapest. ¡Ojalá os guste!

Esto ha sido un gran paso para mí y estoy muy contenta con el rumbo que está tomando esto. Estoy pensando en que, dentro de un tiempo, yo también estaré abierta a colaboraciones de otros viajeros.

Sea como sea, no es esto de lo que vengo a hablar, sino que hoy traigo una guía exprés de Lisboa. El año pasado estuve en Lisboa cuatro días con una muy buena amiga mía, Carla, y la disfrutamos un montón. Íbamos con la excusa de ver a Iron Maiden, pero ahí no quedó la cosa.

Lisboa

Primer día. Recorriendo Lisboa. 

Madrugamos y cogimos el primer vuelo Barcelona – Lisboa de mano de RyanAir. Que por cierto, no sé vosotros, pero yo siempre he tenido buenas experiencias con ellos. Lo bueno de madrugar es que puedes aprovechar el primer día a tope, y fuimos decididas a ello. Desde el aeropuerto cogimos la opción más barata (¿esperabais otra cosa?), que resultó ser en metro. ¡Qué cómodo! Ojalá hubiera metro al aeropuerto en todas las ciudades. Nos instalamos en un hostal en pleno centro de Lisboa.

Dejamos las cosas y después nos fuimos derechitas a explorar.

Lisboa

El balcón de nuestro pequeño hostal.

Visitamos el Museo Calouste Gulbenkian, que tiene unos jardines espectaculares. Además estaban llenos de fauna diversa, ergo, patos, e hicimos un montón de fotos (pero de verdad, un montón) de los patos, como si no hubiésemos visto nunca ninguno…

Lisboa

Lisboa

Así da gusto ir a museos

Lisboa

Patos tomando la fresca

De allí nos pegamos una caminata por la avenida principal hasta el parque de Eduardo VII, que además de tener un laberinto en el césped, tiene de todo, porque es enorme. Más de 26 hectáreas dan para mucho: parque infantil, monumentos, un invernadero…

Lisboa

Peleando con el viento

Lisboa

Y fans del Benfica

Si algo hicimos en Lisboa fue caminar. El primer día andamos y andamos. Tanto andamos que pasado el Museo y el parque de Eduardo VII, continuamos hasta que llegamos al Barrio Alto (¡más de media hora!) y nos lo pateamos. Allí vimos uno de los famosos tranvías amarillos de Lisboa.

En pleno Barrio Alto, además de disfrutar de las vistas, pudimos comer y probar los chupitos de ginjinha, una de las bebidas más tradicionales: licor de guindas y aguardiente. El mirador estaba muy animado, con paradas de comida y música. Cuando nos adentramos en el corazón del barrio, pero, nos dimos cuenta que es un barrio residencial, tranquilo; salvo por las noches, donde se llena de marcha, y es que a cada pequeña callejuela hay un buen puñado de bares.

Lisboa

Lisboa

Convencí a Carla para merendar-cenar sushi de un japonés increíblemente barato que encontramos y, ¡sorpresa! Le encantó.  Otra pobre alma que cae en las redes del sushi. Luego volvimos a nuestro hostal, andando de nuevo, y dimos por finalizado este primer día.

Segundo día. Alfama y heavy.

Hablamos con la chica de recepción del hostal y nos dijo que Alfama era su lugar favorito de Lisboa y el lugar al que deberíamos ir sin dudar. Ya entraba en nuestros planes, pero nos hizo tener todavía más ganas.

Primero bajamos hasta la Plaza del Comercio y vimos el Tajo. La Plaza es muy bonita y llena de ambiente, aunque con precios bastante prohibitivos.

Lisboa

Lisboa

Carla, más chula que un ocho

Muy cerca, nos adentramos en la Alfama, que es el distrito más antiguo de Lisboa y se nota en la estrechez de sus calles, laberínticas y con secretos a cada vuelta. Barrio humilde por naturaleza, guarda la esencia de la ciudad y de sus gentes.

Uno de los puntos más interesantes es la Catedral de Sé, catedral románica.

Lisboa

Y llegamos al Castillo de San Jorge, aunque no entramos porque había muchísima gente. Nos quedó pendiente, porque la verdad es que parecía muy chulo, pero había tanta cola para entrar…

Así que nos perdimos por el barrio de Alfama y vimos el Mirador de Santa Lucía y el Mirador das Portas do Sol. Ambos muy recomendables.

Lisboa

Posando

Hasta hay los restos de un anfiteatro romano.

Lisboa

De vuelta bajamos por otro lado y nos metimos de lleno en las calles más tradicionales.

Lisboa

Lisboa

Por la tarde fuimos al concierto de Iron Maiden. Nunca os lo he contado, pero mi música favorita es el rock, el heavy y algún que otro género extraño que no sabría cómo calificar.

No me digáis que no MOLA esto

Lanzamiento de guitarra

Tercer día. De guiris: playa y cervezas. 

¡Día de playa! Cogimos un tren desde Lisboa y bajamos en la parada de Santo Amaro de Oeiras. Pasamos toda la mañana allí y luego nos acercamos al pueblo del mismo nombre para comer. Hasta me puse morena.

Lisboa

Un día fabuloso

Entramos a comer en un bar de pueblo y nos hicimos amigas de los dueños y el chef, que habían venido del otro lado del mundo hacía años a ganarse la vida. Nos entendimos en una mezcla de inglés-portugués-español y es que no sabíamos ni qué era la comida que nos querían dar. Al final nos pusieron lo que les dio la gana, ¡pero fueron tan majos!

El pueblo no tiene mucho, pero siempre está bien descubrir zonas no tan turísticas. Fue distinto dar una vuelta por ese lugar y ver su plaza, la iglesia y sus habitantes.

Lisboa

Achicharradas

Volvimos un rato al hostal y por la noche salimos por Barrio Alto a tomar unas cuantas cervezas. Tengo fotos de esa noche, pero no se pueden subir. ¡Ah! Y algo que me encantó: de camino, escuchamos unos artistas callejeros cantar el fado, la canción popular portuguesa, de carácter muy melancólico. Me sorprendió muchísimo y me puso los pelos de punta.

Cuarto día. Pasteles, templos japoneses y Jerónimos

Belém es sin duda uno de los puntos fuertes del viaje. Es un barrio lejos del centro de Lisboa, por lo que hay que volver a coger el tren. Nosotras cogimos el mismo que el día anterior y simplemente tuvimos que bajar en la parada de Belém.

La primera parada es la increíble fábrica de pasteles de Belém, tremendamente popular: vayas cuando vayas, habrá cola. ¿Merece la pena? Pues tengo que deciros que precios + cola nos quitaron las ganas y tomamos nuestro pastelitos en otro lugar… ¡Tal vez la próxima ocasión! De todas maneras, se puede entrar en la cafetería y ver cómo es por dentro.

Lisboa

Visita imprescindible de Belém, punto

Siguiendo por la misma calle encontraremos muy cerca el Jardim Botânico Tropical, al que entramos y nos gustó mucho. Estaba vacío y había cosas muy curiosas para los amantes de las plantas. Además hasta hay un pequeño templo japonés y algunos animales sueltos, como faisanes.

Lisboa

Templo japonés

No puedo dejar de recomendar el mejor lugar donde comimos en todo el viaje, el Pao Pao Queijo Queijo. Súper barato (unos 4 € plato a rebosar y bebida), con opciones vegetarianas y veganas y muy rápido. Eso sí, difícil encontrar un hueco.

Lisboa

Delicioso ¡y apto para veganos!

Todo recto y siendo una delicia para los ojos, el Monasterio de los Jerónimos. Es resultado de la riqueza de Belém durante las ideas y venidas comerciales en el siglo XVI. Toda una obra de arte. Cuando veo este tipo de edificios siempre me cuesta imaginar cómo fueron construidos… son sencillamente fascinantes.

Lisboa

Lisboa

Interior

El último lugar que íbamos a ver era la Torre de Belém, una de las fortificaciones del Tajo. También data del siglo XVI y la idea era que estuviera completamente rodeada por agua. Dado que la orilla ha avanzado, se puede llegar andando sin problema. Además de la torre, la zona que la rodea es muy bonita y estaba llena de gente haciéndose fotos, deporte…

Lisboa

Lisboa

Torre de Belém

Y eso fue todo. Terminamos nuestro día tranquilamente volviendo al centro de Lisboa. Al día siguiente daríamos por finalizadas nuestras escuetas vacaciones y cogeríamos el vuelo de vuelta. ¡Lisboa, qué ciudad tan bonita! Tan cerca y quizá, tendemos a infravalorar Portugal por estar aquí al lado.

«Nadie podrá conocer una ciudad si no la sabe interrogar,
interrogándose a sí mismo».

José Cardoso Pires, refiriéndose a Lisboa