Una vez más recuerdo que en muchas ocasiones olvidamos lo que tenemos cerca en favor de aquello que nos resulta lejano y, por tanto, exótico y atrayente. A pesar de vivir muy cerca de Barcelona, jamás había puesto un pie en la montaña de Montserrat hasta este pasado domingo. ¿Por qué? Quizá no me había informado lo suficiente, quizá pensaba que sería una aburrida montaña sin nada especial. Error. La abadía de Montserrat y sus increíbles parajes me han enamorado y conmovido, y creo que será una imagen que permanecerá en mis retinas durante mucho tiempo.

Montserrat

Montaña encantada

Tengo que decir que, para empezar, si tuviera que escoger una sola climatología que me inspirase, una imagen de la naturaleza, sería aquella formada por días nublados, lluviosos, o llenos de niebla (o todo a la vez). Lo reconozco: me encantan. Me parece que la naturaleza se vuelve más bella y misteriosa. Es, sencillamente, bonita y prometedora. A mucha gente le deprime este tiempo, pero a mí me fascina. Hace que mi imaginación vuele.

Lo cierto es que Montserrat había llamado mi atención desde hacía unos meses a raíz de unas fotografías de diversos turistas en lo alto de un monumento, sentados en su parte más elevada. No tenía ni idea de que se encontraba en Montserrat, así que estuve curioseando y fue cuando vi que los paisajes, como mínimo, parecían interesantes. Seguramente os suene, es el siguiente:

Montserrat

Monumento de Montserrat

Razonablemente, subir está prohibido, y aunque me quedé con las ganas de imitar esa fotografía (pese a que no sea la acción más inteligente del mundo), tampoco es que esto sea lo mejor del lugar ni muchísimo menos.

Nosotros fuimos hasta Montserrat en coche, y el trayecto en sí vale la pena. Había mucha niebla y tuvimos que ir despacio, pero es una carretera que se disfruta por las vistas. No encontramos tráfico, y fuimos sobre las 9.30 de la mañana, lo que nos sorprendió; pero el aparcamiento una vez allí era terrible. Todas las plazas “legales” estaban ocupadas, había muchísimos vehículos, la mayoría mal estacionados… Y no es que el aparcamiento sea precisamente barato (6,50 euros todo el día), por lo que recomiendo aparcar fuera, en la carretera. Se puede ir andando y a salvo de multas. Mucha gente lo hace.

Una vez solucionado el tema del coche, pudimos comprobar que Montserrat estaba animadísimo. Había puestos donde comprar souvenirs o comida (donde compramos dos pastelitos de queso deliciosos), grupos haciendo excursiones, gente preparada para una jornada de escalada, música del folclore popular…

Montserrat

Abadía

Montserrat

Silent Hill, por lo menos

Entramos en el Monasterio en sí y me pareció precioso. Por lo general, aunque no sea creyente ni católica, me gustan mucho las iglesias. Son bonitas y algunas realmente espectaculares, sin discusión. Esta no era para menos.

Montserrat

Fachada de la basílica

Montserrat

Interior de la basílica

También tuvimos tiempo para intentar una de las posibles rutas que ofrece la montaña. Y digo intentar, porque escogimos una de 3 o 4 horas y recorrimos una parte, pero lo dejamos para otra ocasión en la que fuésemos más preparados, con calzado y ropa adecuada. Me pareció una manera ideal de pasar la mañana.

Montserrat

Si te alejabas unos pasos, el edificio desaparecía entre la niebla.

Vale muchísimo la pena ir a Montserrat. Incluso si estás de turismo en Barcelona y tienes un día perdido en el que no sabes qué hacer, recomiendo fervientemente ir hasta aquí. Las vistas son alucinantes. Os dejo con alguna fotografía más. Yo ya estoy expectante por saber cuándo podré volver a visitar este lugar.

Montserrat

Vistas

Y vosotros, ¿habéis estado en Montserrat? 

Sentada en Montserrat