Nessebar, baluarte del Mar Negro

Nessebar

¡Menudos dos días malos pasamos en Nessebar! ¿Tan mal está? ¡Nooo! ¡Es que nos pusimos malísimos! El día anterior estuvimos en Varna, como expliqué en el anterior post, y nos despedimos por todo lo alto comiendo marisco -muy barato- en un restaurante abarrotadísimo a pie de playa. No sé si nos sentaría mal o qué, yo creo que no, pero quién sabe. La cuestión es que a la mañana siguiente cogimos un autobús hacia Nessebar, felizmente. En horita y media estábamos allí, frescos como lechugas y con muchas ganas de recorrer la ciudad. Mientras íbamos a dejar las cosas a nuestro próximo hogar, empecé a sentirme mal: muy cansada, débil… Además hacia un calor terrible y sentía que me mareaba. Lo atribuí a que llevar unos cuantos días de viaje me estaba pasando factura, y que seguramente con un rato descansando en la habitación se me pasaría.

Pues no. Me puse peor, me tuve que tumbar y dormir para pasar una fiebre repentina que quién sabe de dónde había salido. Así que perdimos la mayor parte del día en el hotel.

Al día siguiente, nos despertamos pronto. Me sentía recuperada por completo y con muchas ganas de patear la ciudad. Y eso hicimos, durante un rato. Sin embargo, parece que le pasé el virus-o-lo-que-fuera a Ricard, porque amaneció algo pachucho y al cabo de tres horas o así, tuvimos que volver al hotel, él febril y yo culpable. 😛

Así que esto es lo poquito que logramos ver de Nessebar, aunque la disfrutamos muchísimo, a primera hora de la mañana y sin turistas. Cuando volvíamos, no dejaban de llegar autobuses.

NESSEBAR, BALUARTE DEL MAR NEGRO

Nos alojamos en Guest House Eli. Nos tocó un quinto piso (sin ascensor), con terraza y baño privado, así que estuvimos muy bien. Desde allí, llegar a la ciudad antigua, es muy fácil. La gran particularidad de Nessebar es que su centro, su casco histórico, está en una península, unida a tierra por un romántico paseo adornado por un molino. En 1956 se declaró que era un pueblo-museo, una reserva arqueológica y arquitectónica. Además, en 1983 Nessebar entró en la admirada lista de Patrimonio de la Humanidad (la única ciudad de Bulgaria que está en ella).

Nessebar
Postales de Nessebar

Era muy temprano y apenas había nadie por sus calles. Los comercios empezaban a abrir sus puertas. Caminamos sin rumbo y llegamos hasta una pequeña playa, la que ahora descubro que se llama Bunata Beach. A pesar de que no tiene nada, ni siquiera un paisaje espectacular, estuvimos un buen rato contemplando las olas. Este trozo de la ciudad se quedó grabado en mi memoria. Había mucha paz y una luz preciosa.

Nessebar
Mi rincón favorito en Nessebar

Más tarde recorrimos el centro y paramos a tomarnos un zumo de naranja. Los precios en Bulgaria son una maravilla, tengo que decirlo. Luego fuimos hasta el otro lado de la península. De camino encontramos la Iglesia de Santa Sofía, cuyas ruinas bien valen la pena un buen vistazo. Tocando al mar hay una antigua torre de vigilancia.

Nessebar
Buscando enemigos desde la torre

Callejeamos sin rumbo. Nessebar está plagado de monumentos históricos, rincones apacibles, calles estrechas y tiendas locales con bisutería, souvenirs y detalles hechos a mano. Otro imprescindible es la Iglesia de Cristo Pantocrátor, de estilo bizantino y en un estado de conservación excelente. Pagamos para entrar, aunque no hay mucho que ver en su interior. Lo que da juego es el exterior, lleno de colores y detalles.

Nessebar
Iglesia de Cristo Pantocrátor

Aquí fue cuando se nos torció el día y tuvimos que volver al hotel. Los dos días comimos en unos puestos de comida china buenísima al lado del hotel, porque no teníamos ánimo para ir más lejos.

Nessebar no sólo es la ciudad vieja, pese a que ésta sea sin duda la zona que posee toda la magia. Su parte nueva -en la que estábamos alojados- es donde se centra la vida administrativa, y se caracteriza por edificios modernos y una buena cantidad de hoteles a escoger. También las mejores playas están aquí.

Ya entrada la tarde y algo más recuperados, decidimos visitar Sunny Beach, pensando que quizá nos arrepentiríamos si no íbamos, pues era (es) tremendamente popular. Bueno, eso parecía el infierno 😀 Una playa enorme, pero llenísima hasta los bordes. ¿Sabéis esa foto que circula por Twitter en la que hay un porrón de gente en la playa, semejante a una invasión zombi, donde no cabe ni un alfiler? Pues así, así. No es mi estilo de playa, ni de paraíso. Es un complejo turístico, lleno de resorts, fiesta y alcohol. Nada del otro mundo. Eso sí, vimos un hermoso atardecer como despedida.

Nessebar
Rinconcito en la Old Town

Desgraciadamente, se nos acababa nuestro paso por Nessebar. Nos hubiera encantado quedarnos más y aprovechar mejor la estancia, pero como a todos, no siempre nos salen las cosas bien. Sin embargo, es sin duda un lugar al que volver y un destino inolvidable en la costa del Mar Negro.

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