Salina Turda: minas de ciencia ficción

Salina Turda

Nuestro último día en Cluj-Napoca. De nuevo nos poníamos las mochilas en la espalda y salíamos en busca de una excursión que, si bien habíamos leído alguna cosa, era todo un descubrimiento para nosotros. ¿Sería para tanto, o un producto bizarro del turismo?

SALINA TURDA: MINAS DE CIENCIA FICCIÓN

Salina Turda son unas minas de sal ubicadas en Turda, Rumanía. Es una maravilla del mundo antiguo, pues existe desde hace más de 13 millones de años (!!!!!). Pese a estar abierta al público desde 1992, el turismo no ha hecho mucha mella en Salina Turda. ¿O acaso conoces a alguien que haya estado? 😉 El turismo que visita las minas es más bien turismo local, o de países vecinos. Es curioso que estas minas tan impresionantes sean tan desconocidas en el resto de Europa.

¿Vais a las minas? ¡Hace frío! Abrigaos“, nos dicen todos a los que les comentamos nuestra escapada. No nos creíamos que fuera para tanto, pero nada más cruzar la angosta puerta de la entrada vieja tenemos que sacar los jerseys de las mochilas y ponérnoslos con un estremecimiento. Menos mal que hemos venido con pantalones largos. Dejamos atrás un sol radiante y nos sumergimos en la apacible oscuridad. La mina parece un planeta lejano, con largos pasillos de paredes blanquecinas y temperaturas de 10 grados.

Salina Turda
Tocar lo desconocido

El largo pasillo que nos da la bienvenida cruza de un lado a otro de las minas: desde la entrada vieja hasta la entrada nueva o viceversa. Otros túneles surgen del principal y llevan directamente al corazón de la gruta. La primera sala que encontramos contiene una de las enormes máquinas que extrae la sal.

Salina Turda
Enorme máquina

Me resulta extraño pensar en la gente que trabajó en las minas, en la oscuridad y el frío, sacando sal y más sal hasta el hartazgo. ¿Es que ya no funcionan las minas salinas como tal? Lo cierto es que no. Aunque Salina Turda produjo sal desde la Edad Media hasta 1932 (y me imagino que muchísima), la gestión de la mina ha dado muchos problemas a lo largo del tiempo. Básicamente, su aprovechamiento desde entonces ha sido variado y objeto de problemas políticos. Durante la II Guerra Mundial, por ejemplo, se utilizó como refugio antiaéreo. En 1992 volvió a abrirse, esta vez al turismo, y con ideas nuevas para su aprovechamiento: que fuera un museo, a la vez que un centro de wellness, tan populares entre la gente bien, y un parque de atracciones. ¿Cómo iba tal mezcla a salir mal? 

Pronto vemos que una de las salas ofrece dichos tratamientos salinos, no recuerdo para qué. Me parece un poco fuera de lugar, lo de venir hasta aquí a hacerse un tratamiento, pero quién soy yo para juzgar. ¡Espero que sea bueno! Echamos un vistazo a través de las puertas pero no logramos hacernos una idea de qué tipo de actividades se realizan. Por lo visto hay hasta una piscina.

Salina Turda
Centro de bienestar en plena Salina Turda

Continuamos la exploración y ahora sí, encontramos una nueva sala donde empezamos a descender por unas escaleras. La visión de la mina en su esplendor, amplia y extensa, es impresionante. Un paisaje al que el ojo humano no está acostumbrado. Parece ciencia ficción.

Salina Turda
Las maravillas de la sal
Salina Turda
Al final, el ascensor

Pero el descenso no termina ahí. Hay que continuar bajando, claro, y para ello existen dos opciones: el ascensor, ultramoderno y panorámico, o las escaleras de toda la vida. Decidimos pasar del ascensor a la bajada porque hay mucha cola y preferimos tomarlo a la vuelta. Son trece pisos que bajamos en fila india, con escaleras de madera que crujen como quejándose. En la foto de arriba podéis ver las luces horizontales que marcan cada uno de los trece pisos, mientras que las que están en diagonal forman parte del mecanismo del ascensor.

Salina Turda
Parque de atracciones

Aquí encontramos el elemento que falta: el parque de atracciones. Entre tantas bondades se puede subir a la noria, jugar al pingpong, echar una partida a los bolos o comprar souvenirs. Hay bastantes familias con niños, que deben estar flipando. ¡Qué pasada! Yo estuve flipando.

¡Y eso no es todo! Tras echar las fotos de rigor e ir al lavabo, comprobamos que de hecho, ¡se puede seguir bajando más! Tras una nueva y larga sucesión de escaleras, esta vez angostas de verdad (tanto que cuando subía un grupo de gente tú no podías bajar, de lo estrechas que son), llegamos al lugar donde alunizan los ovnis, la Mina Teresa.

Salina Turda
El alunizaje, parte I
Salina Turda
El alunizaje, parte II

¿¡Qué!? ¡Eso es lo que parece! ¡Qué cosa tan marciana!

Aunque en realidad es otra extensión del parque temático. En esta zona de la mina se puede alquilar una barca y surcar el lago de sal. O tomar fotos como un descosido, cosa que hicimos, desde luego. Es increíble mirar hacia arriba y ver cómo son las paredes y qué formas han tomado.

Salina Turda
Arriba, el mirador

Pasamos unas dos o tres horas en la mina, simplemente observando, escuchando, explorando. No hicimos nada en el parque, aunque puede resultar curioso, supongo. Simplemente no nos llamó la atención. Esta visita me pareció mitad futurista mitad antiquísima, como una quimera. La recomendaría a todo el mundo, no por lo absurdo de la misma, que también, sino por la mina en sí. Es un lugar brutal visualmente, un lugar que puedo tachar de la lista “lugares que hay que ver antes de morir” en la que no sabía que estaba apuntado, y que debería estar anotado en la lista de mucha más gente.

CÓMO LLEGAR

Tomamos el autobús en Cluj-Napoca, detrás de la plaza Mihai Viteazu, en el centro. Entre las compañías que realizan el trayecto está FANY, que es el que cogimos sencillamente porque fue el primero que pasó, pero hay varios. En los autobuses hay un cartel donde pone las destinaciones, así que en realidad no es muy complicado una vez se está en el lugar. Se tarda cerca de 1 hora (por el tráfico, más que otra cosa) y cuesta 7 lei por cabeza.

El autobús no deja en la Salina, sino en el pueblo de Turda. Luego se puede tomar otro autobús hasta la entrada nueva (muy moderna) o hacer una pequeña caminata hasta la entrada vieja. Nosotros hicimos esto último, pero porque nos alojamos una noche en Turda y pudimos dejar las mochilas en el apartamento.

Salina Turda
Entrada vieja
Salina Turda
Entrada nueva

 

 

 

 

 

 

TURDA

Durante la tarde visitamos Turda, el pueblo. Habíamos decidido hacer noche, pese a que nuestros planes iniciales eran tomar un tren nocturno. Los trenes habían sido malos y además teníamos miedo de tener que cargar con las mochilas todo el día (cosa que hubiéramos hecho… en la entrada vieja no hay lockers, en la nueva sí). Así que el día anterior, en un arrebato y viendo los precios, reservamos una noche en Pensiunea Gil, donde estuvimos como en casa. Esto de ir de guest house tiene un encanto especial.

¿Qué hay en Turda? No mucho, más allá de las minas. El centro es pequeño y cuco, con alguna iglesia y un mercado local. Disfrutamos el resto de la tarde tranquilamente y cenamos pizza fuera. Si tenéis prisa en vuestro viaje no os recomendaría alojaros aquí, sino hacer la excursión a Salina Turda y volver. Si vais como nosotros… bueno, ¿qué prisa hay entonces? 😉

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