Sibiu te recibe con los brazos abiertos. Tiene un centro histórico pequeño pero lleno de cosas que ver, muy amable con el turista, barato como su hermana Craiova y marcadamente distinto (si me preguntáis porque escribo como si Craiova fuera una mujer y Sibiu un hombre… es parte de mis rarezas. ¿No les pega?). En primer lugar, Sibiu parece mucho más europeo. No hay más que verlo: parece un pintoresco pueblo alemán, y eso se debe a sus orígenes, ya que fue fundada por colonos sajones en el siglo XII.

Segundo, lo que más me ha impactado (y gustado, porque soy así de débil a la estética) son sus casas con ojos. “Pero bueno, ¿de qué estás hablando? ¿Casas con ojos? ¡Qué tipa tan siniestra!” ¡No es así! ¡No os vayáis todavía! Lo que ocurre es que empezarás a pasear por el casco antiguo y sentirás que hay algo extraño. Que aparte de que hay muchos turistas, lo que está bien o mal al gusto de cada uno, alguien más te observa. Y no es la vieja del visillo corriendo las cortinas de unos bajos. Son las casas, casi todas, clavando sus ojos en tu nuca.

Lo cierto es que nosotros no habíamos leído esta curiosidad antes de visitar Sibiu, por lo que la sorpresa y la gracia que nos hizo fue memorable. También tengo que decir que tengo un buen puñado de fotos solo de las dichosas buhardillas-ojos… no lo pude evitar.

¿Creéis que no sé lo que estáis haciendo?

Pero empecemos con qué ver en Sibiu.

Centro histórico de Sibiu

La ciudad se dividía tradicionalmente en dos partes: la Ciudad Baja, que se fundó entre el río y la colina, y la Ciudad Alta, donde se daba la mayor parte del comercio de la ciudad. Andando no podrás discernir en qué parte estás, sino que, al menos a mí, me pareció que todo el centro en su totalidad se hace muy divertido de ver y recorrer, ya que está salpicado de plazas, monumentos y lugares destacados a cada paso. La única “calle” que parece unir ambas ciudades es el Pasaje de las Escaleras o Pasajul Scărilor.

Pasaje de las escaleras

La guinda del pastel es sin duda la Piața Mare, la Plaza Grande: bonita, animada, limpia, casitas de ensueño… Los locales y los turistas la adoran por igual.

Sin embargo me gustó más la Plaza Pequeña, con las torres adornándola, sus puentes y sus pasajes con arcos. Aquí también se encuentra el famoso Puente de los mentirosos, cuyo nombre se debe a una confusión con el nombre alemán y que ha dado lugar a diversas leyendas. El puente en sí no es nada del otro mundo, pero es curioso ver cómo se ha tergiversado la historia. Mientras paseábamos por la zona cayó un chaparrón y nos apresuramos a refugiarnos en la Catedral de Santa María. Que no sé vosotros, pero me encanta fotografiar y visitar iglesias, catedrales, monasterios y demás. ¡Todo ello rodeado de las casas con ojos! ¡No se perderán nada de lo que hagáis!

Plaza Pequeña

Catedral de la Santa Trinidad

Después de la lluvia la ciudad quedó muy calmada, solitaria, y lo agradecimos mucho. El día anterior había muchísimos turistas, y es que está claro que Sibiu es una de las joyas de Rumanía.

Recorriendo sus calles dimos con parte de la Muralla Fortificada de Sibiu, que en la antigüedad rodeaba todo el centro, haciendo de la ciudad un auténtico caparazón defensivo.

Dueña de la torre

Museo Astra

Aunque he visto que tiene muchas críticas en ese lugar al que vamos todos a consultar llamado TripAdvisor, para mí ha sido una visita imprescindible. El Museo Astra es un museo al aire libre impresionante, y muestra cómo se ha vivido y se vive en la Rumanía más rural mediante réplicas de casas, chabolas, granjas e iglesias. El entorno no es para menos: bosque y lago se combinan para formar una vista idílica. También hay molinos de viento, carruajes… vamos, a mí me encantó.

Paisajes de ensueño en el Museo Astra

Campos de trigo

Para llegar hay que tomar el autobús número 13 desde el centro de Sibiu. Al loro con la vuelta, porque también tengo anécdota: unos pocos rumanos y nosotros nos reunimos en la parada de autobús a esperar, y empezó a pasar el tiempo. Pasó y pasó y una hora después todos empezábamos a ponernos nerviosos, ya que el horario no parecía tener ninguna credibilidad. Así que cuando una mujer y su hija se marcharon andando, el resto comenzó a unirse… ¡Y nosotros no íbamos a quedarnos atrás! Siguiendo a los locales, recorrimos un camino hasta la siguiente parada de autobús, donde allí pudimos cogerlo, y es que por algún motivo que no comprendimos, el conductor decidió no ir hasta la última parada a recogernos.

Nos quedamos con ganas de…

¡Visitar este museo! Es el Museo de Historia Natural, nada de dinosaurios, pero aún así.

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Dónde comer

En Sibiu hemos descubierto de verdad las brutării, que no son otra cosa que panaderías tradicionales, de toda la vida, a precios irrisorios y con unas pastas que quitan el hipo.

También hemos encontrado la solución al viajero hambriento y con poco dinero: la cadena de restaurantes de comida rápida Super Mamma. Platos contundentes y baratos; eso sí, de catering, pero no de catering malo, pues está bastante apañado. Comida china, kebab, legumbres, sopas… ¡Y un tiramisú bastante rico!

En este punto del viaje todavía no habíamos aprendido a entrar en los restaurantes rumanos y hacer el menú del día, que suele estar muy barato. Esperad a ver todo lo que comimos en Cluj-Napoca y siguientes. 😛

Dónde dormir

Nos alojamos en Pensiunea Turist. Está un poco alejado del centro pero siempre puedes tomar el autobús. Es limpio, tranquilo (contra todo pronóstico, pues está delante de un Night Club…) y las recepcionistas son simpáticas. Como veis, ¡nada de lujos en nuestro viaje mochilero! O al menos por ahora. 😛

 

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