Cogimos un vuelo de Atenas a Singapur porque lo vimos al despampanante precio de 190 euros. Volamos con Scoot (antes Tiger) y fueron diez horas largas sin dormir con muchas turbulencias. ¿Vosotros sois de los que duermen en aviones? Porque para nosotros es prácticamente imposible…

¡Pero llegamos a Singapur!

Llegar a Singapur por aire ya te muestra que esa ciudad no es como las demás. El aeropuerto es una muestra de lujo, estética y modernidad, algo que en Singapur es vital. De hecho, el propio aeropuerto es una visita más para el turista, por lo distinto que es.

Ya que llegamos de madrugada, esperamos a que abrieran el metro, que conecta con el mismo aeropuerto (y que ojalá todas las ciudades sigan este ejemplo) y nos fuimos al centro.

Singapur

Luces violetas

ALOJAMIENTO

Singapur es cara como ella sola. Aquí las tres B no existen. Con nuestro presupuesto, vimos que teníamos dos opciones: alojarnos en una habitación céntrica pero de las que se caen a pedazos; o bien irnos más lejos, al barrio de dudosa reputación de nombre Gayland, cuyos hoteles son baratos y bonitos. Escogimos la primera.

Dormir para los mochileros se divide en los barrios de Little India, Chinatown y el barrio árabe. Los tres tienen alojamientos asequibles, aunque para empezar, lo de tener ventana parece ser un lujo más (!).

A continuación un poco más desglosado por si no tenéis muy claro dónde alojaros:

Alojamiento

La mejor zona para alojarte en Singapur es en el majestuoso Marina Bay y sus alrededores, algo imposible para la mayoría de mortales. Como alternativa existen cuatro barrios:

1. Chinatown

Es el barrio más cercano al centro (menos de 1km) pero también el más caro de los cuatro. La mejor opción para quien no viaja con presupuesto mochilero.

El atractivo principal es el barrio en si, con las calles repletas de paraditas ambulantes de comida y ropa. La zona más turística se concentra entre Mosque Street y Smith Street.

2. Little India

Es la opción preferida para los mochileros ya que tiene la mejor relación calidad-precio, ubicado a menos de 2km del centro. Sin embargo a nosotros aún se nos iba de presupuesto. ¡Desventajas de ir con la casa a cuestas!

La calle principal es Serangoon Road y a ambos lados se extiende el barrio, siendo igual de animado que su vecino chino y además muy colorido, haciendo honor a la cultura.

3. Barrio Árabe

Fue nuestra elección. La zona principal del barrio árabe se encuentra entre Bugis Street y Arab Street (también llamado Kampong Glam). La distancia hasta el centro es grande (entre 2 y 3km) pero Singapur es tan bonita que merece ser paseada pese al intenso calor tropical.

La ciudad es muy exigente a nivel económico así que tuvimos que conformarnos con una habitación con dos literas sin ventana (eso sí, con aire acondicionado) y con baño compartido, a 40 pavos la noche. El alojamiento se llama ABC Hostel, y si os podéis permitir algo mejor, EVITADLO.

4. Geylang

Es el barrio más barato de toda la ciudad pero también el más lejano. Aquí puedes encontrar hoteles a precios muy interesantes.

Se dice que hay mucho ambiente nocturno y que es muy peligroso de noche. Nosotros no llegamos a ir así que no podemos dar fe de nada. Pero también parece ser que los locales compran muchísimo en sus mercados diurnos, así que no todo es tan oscuro.

Quizás con un presupuesto más amplio nos hubiéramos quedado más días y habríamos dedicado uno a verlo.

 

GUÍA DE SINGAPUR: QUÉ HACER, VER Y COMER

Esto es lo que vimos en tres días en Singapur. Hay mucho más para ver, pero esto sería imprescindible si hacéis una breve parada en este pequeño y maravilloso país. Nosotros ya estamos deseando volver.

  1. Perderse por el fabuloso barrio de Marina Bay.

Marina Bay es lujo, ostentación y progreso. Singapur es bella de noche, pues todo se ilumina y pasear por sus calles es seguro y atrayente. En Marina Bay hay el famoso hotel Marina Bay Sands, en el que alguna vez en la vida habrá que ir a bañarse en su fastuosa infinity pool con vistas a la ciudad; un puñado de centros comerciales y un área de negocios muy interesante. Pero lo que más me gustó de todo, sin duda, fue el parque futurista de árboles artificiales, Garden by the Bay, que llegan hasta los 50 metros de altura, y que de noche se convierten en una delicia para la vista y hasta hacen su propia fotosíntesis azulada.

Singapur

En Marte

Este jardín, “Árboles en la Bahía”, es uno de los proyectos en marcha de Singapur, y su objetivo es darle la vuelta a eso de que en las ciudades tiene que haber jardines, sino que qué tal una ciudad en un jardín. Lejos de ser un gasto innecesario o una muestra ambiciosa de poder, lo cierto es que estos árboles funcionan como un símil de los árboles de verdad, y utilizan energía renovable y sostenible: paneles solares, filtraciones naturales para regar todo el complejo y el uso de residuos para lograr que no solo sea un bosque robótico hermoso, sino respetuoso con el medio ambiente.

Los Jardines de Singapur fueron mi lugar favorito de la ciudad y uno de los que más me ha impresionado en toda mi vida.

2. Conocer las raíces de Singapur en Little India.

Singapur tiene orígenes muy diversos. Gran parte de la población singapurense es extranjera. Los “fundadores” de Singapur no son otros que chinos, malayos e indios, que olvidaron sus diferencias y ahora conviven en uno de los países más prometedores del mundo. Así pues, se puede encontrar una caótica -y limpísima- Chinatown, una colorida -¡y limpísima!- Little India, cientos de platos de distintas regiones del planeta en un solo mercado, mezquitas, templos budistas, farangs… ¡Qué diversidad en Singapur!

Singapur

Templo hindú

Así, en Little India se puede deambular por unas calles llenas de barullo y sinfín de tiendas. El templo de Sri Veeramakaliamman merece una visita: siempre es bueno ver y entender otras culturas y sus tradiciones, y este templo suele estar lleno. Sin embargo mi favorito de Little India fue su museo de herencia cultural, el Indian Heritage Centre, cuya visita empieza con un pequeño video y continúa con tres o cuatro pisos de historia y raíces. Interesantísimo.

Singapur

Arte urbano en Little India

3. Chinatown, del día a la noche

Salir de la parada del metro en Chinatown es toda una sorpresa. Las calles están decoradas al más puro estilo oriental. Farolillos, fachadas de negocio y vivienda en un retrato del país del sol naciente y grandes boles de comida humeante. ¡Estamos en China! O tal vez no: a ratos, parece un gran decorado. Al más puro estilo de un atrezzo, este es el barrio chino más pulcro y ordenado que he visto nunca, y ya he visto unos cuantos.

Singapur

Chinatown en su expresión más cuidada

En esta calle, que podría ser la principal y que se llama Pagoda Street, se distribuyen a lado y lado un montón de restaurantes, tiendas de snacks (como la popular galleta en forma de pez rellena, por ejemplo, de pasta de judías rojas), puestos de comida variada, algún que otro helado y curiosidades varias. En Pagoda Street se encuentra uno de los templos más viejos y especiales de Singapur: el templo Thian Hock Keng, que antaño estaba junto al mar, y hoy, en medio de rascacielos. Precisamente está dedicado a la diosa del mar, Mazu. Al final de esta calle, curiosamente, se encuentra el templo hindú Sri Mariamman, que es el más antiguo de su estilo en Singapur.

Apenas un par de calles más allá hay más cosas que visitar: para empezar, un gran centro donde se puede ir a comer barato, ya sabéis, los centros de comida (hawkers) donde comen usualmente los locales -y los turistas sin un duro-. Al lado de este centro hay una plaza donde se encuentra un templo budista llamado Buddha Tooth Relic Temple. Entramos y dimos una vuelta. Es grande y muy interesante ver cómo está lleno de chinos haciendo sus plegarias. En las paredes hay explicaciones acerca de las creencias de los infiernos, cómo se debe obrar…

Singapur

Buddha Tooth Relic Temple

4. Clarke Quay

Saben lo que es bueno, desde luego. Hay que ir de noche. Llegamos a Clarke Quay de casualidad y nos recibieron luces, música, un río donde se ofrecían paseos en barca y una atracción que quita el hipo: el tirachinas gigante G-Max, que cada pocos minutos lanzaba chinos al cielo a más de 200 km por hora. Nos sentamos al borde del río y nos entretuvimos un rato mirando el brutal vaivén. Por el río cruzaban longtails y por el paseo, un señor con la música a tope en una bicicleta. Del cielo, gritos provenientes del tirachinas.

Singapur

Clarke Quay

La oferta para comer y beber es amplia pero recuerda que esto es Singapur: barato no es. Pero sentarse al borde del río a ver lo que pasa a tu alrededor sigue siendo gratis. 🙂

5. Ver el espectáculo de luces de Marina Bay y conocer al incomprendido Merlion

Singapur tiene un símbolo, un icono nacional: un extraño ser mitad pez, mitad león. Su representación está en el Parque Merlion, y encontrarás una estatua de 9 metros de altura y 70 toneladas que escupe agua sin cesar. ¿Por qué incomprendido? Pues porque todos dicen que es una mascota muy fea. A nosotros nos pareció bastante decente. Al fondo se alza Marina Bay. Esta es una zona muy bonita para pasar la tarde. Hay unas gradas que descienden desde la estatua hasta el mar, y desde aquí, por la noche, se puede ver el espectáculo de luces que se ha hecho famoso en Singapur y entre aquellos que han leído acerca de Singapur: el despliegue visual que ofrece cada día el complejo de Marina Bay, contando una historia.

6. Ir a la isla artificial de Sentosa

Singapur es el tipo de país que, sino tiene playa, se la construye. Sentosa es la isla de pega donde se reúnen los singapurenses a pasar el fin de semana entre atracciones, espectáculos y chapuzones en el agua. Aquí se encuentra el parque temático Universal Studios, al que no entramos pero que tenía muy buena pinta, así como un casino con código de vestimenta. Hay que decir que aunque no vayas a entrar en ninguna de las atracciones, la visita a Sentosa merece igualmente la pena, pues no hay que pagar entrada para pasear por sus localizaciones ni para ir a la curiosa playa.

Singapur

Universal Studios

7. Para los amantes del motor, F1 y Moto GP

Singapur tiene su propio circuito urbano en el que se disputa el Gran Premio de F1. Con la ciudad como telón de fondo, es sin duda un destino muy diferente en el que disfrutar de las carreras, si es algo que te gusta.

Cuando fuimos nosotros quedaban apenas dos semanas para el evento por lo que pudimos ver cómo construían y montaban el circuito en medio de la ciudad. Al loro con el alojamiento durante esos días porque se puede ir de madre.

8. Darse el tremendo placer de comer barato

Porque si algo es barato en Singapur -¡gracias a Dios!- es comer. Después de un día lleno precios caros, comer es un gustazo. Hay multitud de hawkers en la ciudad donde tomar platos por apenas 1 euro o 2, ¡igual que en la mayoría del sudeste asiático! Recordamos que los hawkers son espacios donde se encuentran muchos puestos de comida callejera y mesas y sillas donde sentarse a comer. Son genuinos y muy ricos. De igual manera, también hay muchos food courts, que al final vienen a ser lo mismo. No os vayáis sin probar todos los platos posibles.

Singapur

Locura noodle