Lo que más recuerdo al pisar por primera vez esta enorme metrópolis es el calor y la humedad sofocante. ¡Apenas podía respirar! ¿Cómo iba a poder siquiera hacer turismo? Bueno, obviamente pude. Pero todavía no. Después de muchas, muchas horas sin dormir, no sentía el cuerpo listo para nada. Así que cogimos un taxi y nos sumergimos sin más en el tráfico de Bangkok. Hay que recordar que Bangkok tiene más de 12 millones de habitantes, tal y como nos contó nuestro taxista, que se metía  por los arcenes de la carretera como si fuera un carril más. Así se conduce en Bangkok: a lo loco y sin frenos. Curiosamente, la gente no se pita. Ni parece que se pongan nerviosos con ese tráfico, a mi juicio infernal. Será parte del buen humor tailandés.

Llegamos muy pronto a lo que sería nuestra casa los próximos días: The Warehouse Bangkok. Lo cierto es que la habitación todavía no estaba preparada, así que dejamos las mochilas y nos fuimos a explorar. Desde el taxi habíamos visto algún que otro templo, por lo que nos dirigimos hacia allí y sacamos las primeras fotos oficiales del viaje. Todavía no lo sabíamos, pero estos templos pequeñitos y acogedores nos acompañarían todo el viaje.

templos de Bangkok

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Paseamos por Khao San y Rambuttri, que a esas horas estaban muy vacías y desoladas, ¡ya descubriríamos por qué!

khao san road

¿Cómo? ¿Esto es Khao San de día?

Lo cierto es que este primer día nos dedicamos a conocer la zona a fondo y poco más, no visitamos nada en particular. Cuando la habitación estuvo lista tuvimos que recuperar horas de sueño, y después de ver el Grand Palace de noche, pusimos rumbo a Khao San, que tiene fiesta y animación hasta decir basta.

Grand Palace de noche

Grand Palace de noche

Día 1. Templos de Bangkok

Ahora sí que sí, primer día oficial siendo turistas.

Visitamos los famosos templos de Bangkok. ¡Son espectaculares! Jamás había visto nada similar. Primero visitamos el Grand Palace, que nos ocupó casi toda la mañana. Este palacio es la obra más famosa de todo Bangkok. Fue construido en 1782 y durante 150 años la familia real vivió en él. Realmente no es un único edificio, sino que comprende otros edificios como el Templo del Buda Esmeralda (Wat Phra Kaew) o un museo del teatro Khon.

  • Ser turista aquí es muy divertido. Hay muchos grupos de estudiantes deseosos de practicar su inglés, así que si te ven simpático, vendrán a hablar contigo y a hacerse fotos. ¡Diviértete! A nosotros hasta nos grabaron en vídeo…

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Tras la visita al museo decidimos seguir con los templos. Queríamos ver el Wat Arun, y para ello hay que cruzar el río. Ni cortos ni perezosos, tomamos un barquito y llegamos a nuestro destino en un santiamén. Estos “barcos” son tomados a diario por los tailandeses, por lo que son muy baratos y funcionan a modo de autobús. Todo un choque para un occidental, que tiene que subir al barco directamente de un pequeño salto a la proa, sin puente, ni pasarela, ni nada… Fue muy curioso.

Cruzando el río

  • Es importante llevar ropa adecuada en los templos o tendrás que vestir una falda-manta en la cintura, tanto si eres hombre como mujer, y te acordarás de todos los tailandeses uno por uno cuando empieces a sudar y sudar. Ilustro a continuación.

    La falda-manta, un look ideal para los 30 grados 

El Wat Arun es un templo mucho más tranquilo y tiene unas torres espectaculares. Hay que subirlas para tener una maravillosa vista de Bangkok. La parte más alta, pero, estaba en obras.

Wat Arun

Wat Arun

Wat Arun

¡Hora de comer! Volvimos a cruzar el río y comimos un delicioso pad thai en el muelle, al cambio… 1 euro por cabeza. ¡Dios, cómo echo de menos Tailandia! Repasando las cosas que teníamos que ver nos dimos cuenta que habíamos pasado por alto el Buda Reclinado, y es que nos habíamos dejado el Wat Pho, que está dando la vuelta a la manzana misma donde está el Grand Palace. El Buda Reclinado mide 46 metros de largo y 15 de alto, y es tan espectacular como suena. Además, había muchas más cosas por ver en el Wat Pho, pues todo el recinto era precioso.

Buda Reclinado

Buda Reclinado

Atardeciendo, volvimos despacio al hotel. Descansamos un rato, agotados tras ver parte de los templos de Bangkok, y fuimos a cenar a Khao San Road. ¡El ambiente es increíble! Pedimos un par de cervezas Chang y disfrutamos de la Bangkok más animada.

Khao San Rd

Foto psicodélica de Khao San de noche