Por alguna misteriosa razón, Grecia no es un país que me llamase la atención en demasía. ¿¡Pude ser más tonta!? Estoy segura que puede superar las expectativas del más exigente. Desde luego, está en mi top de países favoritos, y al que deseo volver fervientemente. Empezamos nuestra ruta por Tesalónica, o Salónica, como más rabia os de.

CÓMO LLEGAR

Grecia es popular y todos lo sabemos. Hay aeropuerto en Tesalónica, así como en Atenas y en algunas de las islas griegas. Los vuelos no suelen ser lo más barato del mundo, así que si veis una oferta, ni os lo penséis e id a por ella, que luego os arrepentiréis…

Como nosotros llegamos en autobús desde Bulgaria, la cosa nos salió redonda. El autobús paró en una terminal a 15 minutos andando de nuestro hotel, así que para allá que nos fuimos. Si estáis haciendo este tipo de viaje, los autobuses que conectan países son muy convenientes, aunque echas unas cuantas horas.

GUÍA DE TESALÓNICA

Tesalónica fue uno de los lugares en Grecia que más nos gustó, contra todo pronóstico (aunque tengo que decir que no hay nada, NADA, que no nos gustara en Grecia, si algún día nos hacemos de oro, quiero una casita aquí…). Para ponernos en situación, un poco de historia acerca de Tesalónica:

El 18 de agosto de 1917 ocurrió lo que hoy en día se conoce como el Gran Incendio de Tesalónica. Impulsado por el viento, el fuego se expandió y convirtió en cenizas los hogares de casi 70.000 personas. Esta desgracia, ciertamente, fue una desgracia mayor para un sector concreto de la población: los judíos. Más de 50.000 de ellos lo perdieron todo, incluyendo sinagogas, archivos y miles de objetos de gran valor cultural. Todo ello se tradujo políticamente en que los griegos comenzaron a reconstruir sus casas en el centro y echaron a los judíos al extrarradio: vieron la oportunidad de que Tesalónica fuera más griega. De la pobreza y el dolor nació una nueva fuerza judía, que reconstruyó sinagogas, sacó nuevos diarios, inauguró un hospital y un colegio. Vivieron una época dorada. Sin embargo, unos años después, los horrores de la II Guerra Mundial y las deportaciones a Auschwitz hicieron que la población judía de Tesalónica quedara absolutamente arrasada.

He intentado resumir lo poco que sé de la historia judía en Grecia. Si queréis saber más y mejor, hay un buen número de artículos en internet explicando con detalle lo que sucedió.

En primer lugar dejamos nuestras cosas en el hotel y nos fuimos a explorar esta bonita ciudad. En esta ocasión nos alojamos en un hotel llamado Hotel Kastoria, viejo pero con encanto, sencillo. Muy barato y bien ubicado. Si no sois quisquillosos, lo recomiendo.

Compramos algo rápido para comer y nos sumergimos de lleno en el entramado de calles del barrio viejo, Ladadika, que a mediodía estaba tranquilo, soleado y con promesas de noches animadas. Calles estrechas, casitas color pastel y olor a buena comida griega hacen de este vecindario un lugar donde pasar horas pateando. ¡Aunque no con este calor!

Tesalónica

El encanto de una calle griega

Fuimos hasta el paseo marítimo guiados por el sonido de las olas y recorrimos el puerto a paso lento, tomando fotografías y maravillados por el cambio de escenario. Al final de este paseo se encuentra la Torre Blanca, una torre construida en la época otomana que sirvió tanto como fuerte y, más adelante, como prisión. Dentro de ella hay un curioso museo, que explica que durante dicha era otomana fue un lugar de masacre, ganándose así el nombre de “torre sangrienta” o “torre roja”. Más tarde, cuando Grecia tuvo el control de la torre en el año 1912, fue repintada de blanco y se convirtió en el símbolo de Tesalónica.

Tesalónica

El 99% de mis fotos.

Tesalónica

Museo dentro de la Torre Blanca

Se puede subir a lo alto de la torre y salir al exterior, donde hay buenas vistas de la ciudad y el mar. Hay que decir que  los museos en Grecia -y posiblemente otros eventos culturales- son gratuitos en su mayoría para los estudiantes, o en todo caso para aquellos que todavía dispongan consigo un carné de estudiante (guiño guiño).

Tesalónica

Vistas a la ciudad desde la Torre Blanca

Bajamos y nos adentramos por dicha calle. Tesalónica, como ciudad, está dividida en dos: la parte alta y la parte baja, literalmente. Ya que teníamos dos días para verla, decidimos dividirlo de la manera más obvia y ver la parte baja el primer día y la parte alta el segundo, lo que resultó de lo más útil.

PARTE BAJA Y KENTRO

Encontramos un buen montón de monumentos de muchas culturas, restos de excavaciones, iglesias y demás a lo largo de las calles. La parte baja de la ciudad engloba también su kentro, que no os decepcionará.

Pronto encontramos una plaza interesante: el Arco de Galerio, y la Rotonda de San de Galerio, ambos Patrimonio de la Humanidad. Como podéis intuir, el tipo debió ser importante. ¡Nada más y nada menos que un emperador romano! Los detalles del arco son increíbles. Lo único que eché en falta fue algo de información por aquí acerca del arco.

Tesalónica

Arco de Galerio

Pero la joya de la corona es sin duda la Rotonda. Es la iglesia cristiana más antigua de Tesalónica (año 306 antes de Cristo) y me atrevería a decir que una de las iglesias más antiguas que hay en pie en el mundo ahora mismo. Dentro, hay algo especial. Siempre me sucede esa sensación en lugares tan cargados de historia, tan viejos. A pesar de poder verse en unos minutos, estuvimos un buen rato sentados contemplando las paredes, escuchando el silencio, mirando los restos del mosaico. Imprescindible en Tesalónica, su interior es conmovedor.

Tesalónica

Rotonda de Galerio

Tesalónica

El misterioso interior de Rotonda

No mucho más allá se encuentra la Agora Griega y el Foro Romano, de los que se conserva una parte importante. Lo mejor de esta ciudad es que todo está mezclado perfectamente: hay pedacitos y pedazos bien grandes de historia en cada calle, sin que ello influya en el desarrollo de la ciudad a su alrededor o incluyendo dicha historia en su cotidianidad.

Continuamos: dimos con la Iglesia de Santa Sofía. Esta iglesia tiene una historia bien movida detrás. A pesar de nacer como iglesia ortodoxa griega, fue reconvertida en mezquita bajo el dominio otomano. Tras su derrota, volvió al ortodoxismo. Esta basílica es bonita por dentro y por fuera y dentro del recorrido de un paseo por el centro.

Tesalónica

Iglesia de Santa Sofía

Otro imprescindible es el monstruo bizantino Agios Dimitrios, una iglesia enorme y espectacular que no os deberíais perder. Pero no quiero que esto sea una guía de monumentos y construcciones… no puedo citar todo lo que vimos, porque hay cosas que ni siquiera recuerdo su nombre al verlo en fotografía. Simplemente hay que dejarse llevar en Tesalónica. Si te gusta la historia, te fascinará; y si no te gusta, ¡te empezará a gustar!

Tesalónica

Una iglesia muy mona (Church of Saviour)

Con todo, se nos pasó el día volando. Nos pateamos media ciudad con muchas ganas. Al atardecer volvimos al paseo marítimo: imprescindible ver cómo baja el sol con la Torre Blanca de fondo. La vista es preciosa. Terminamos nuestro día en la plaza más popular de Tesalónica, la plaza Aristóteles, llena de bares, restaurantes y locales. Nuestro primer día en Tesalónica había sido insuperable, de los que terminas cansado y feliz de lo que has visto durante el día.

Tesalónica

Atardecer en Tesalónica

ANO POLI, CIUDAD ALTA

Tomamos el autobús turístico que proporciona como servicio el ayuntamiento de Tesalónica, el azul, por tan solo  2 euros. Lo cogimos en la parada que hay al lado de la Torre Blanca. Desde aquí, dejamos que condujera hasta la parte alta y bajamos en una de las paradas para empezar nuestro recorrido.

Subimos hasta el Heptapyrgion, la fortaleza bizantina de diez torres también Patrimonio de la Humanidad. ¡A pesar de que su nombre significa literalmente fortaleza de siete torres!

Durante el siglo XIX este complejo fue reconvertido en prisión y funcionó como tal hasta 1989. Ahora puede visitarse como museo, y como todas las prisiones, a mí me pone los pelos de punta. La visita al Heptapyrgion y sus alrededores nos tomó casi toda la mañana.

Tesalónica

Heptapyrgion

Fuimos bajando poco a poco hacia el centro, recorriendo la parte alta y volviendo sobre nuestros pasos algunas veces para ver algún monumento que nos habíamos dejado. Un mapa será muy útil, al menos lo fue para nosotros. Lo podéis conseguir gratuitamente en la Oficina de Turismo.

Creo que fue aquí cuando caímos en las manos de la comida griega. Por todos los dioses del Olimpo, ¡qué maravilla! Hicimos tapas griegas y ahora, mirando la foto, daría cualquier cosa por volver a comer esa deliciosa comida. Lo dicho: el mercado, entre locales. No recuerdo el nombre del bar, pero se encuentra en la Plaza Aristóteles, dentro del Mercado de Modiano, cuya inauguración fue en 1925. Recomendado 100%. Además de comer, el lugar funciona como un bazar, con muchas tiendas, ultramarinos y tabernas, con un encanto difícilmente superable. Y barato.

Tesalónica

Aquí, sufriendo

Después de comer nos dimos el lujo de pasear por las calles de Tesalónica. Hay muchos museos interesantes en la ciudad que no pudimos ver por falta de tiempo, pero decidimos priorizar lo que nos encanta cuando viajamos: caminar por las calles como uno más, viendo lo que hacen los lugareños, disfrutando del buen tiempo (o sufriéndolo) y de lo bonita que es la ciudad. Nos sentimos muy afortunados de estar aquí: así nos había enamorado Tesalónica.

Tesalónica

Edificio antiguo

Por la noche fuimos al barrio de Ladadika a tomar una cerveza en compañía de un viajero fotógrafo que conocimos en el hotel. Ya tocaba despedirnos de Tesalónica, sintiendo que había sido una visita muy, muy breve. Al día siguiente tomaríamos rumbo a Meteora en tren. Si hubiéramos podido, nos hubiéramos quedado más. Creo que son necesarios al menos tres días en Tesalónica para poder disfrutarla al completo.

Y tú, ¿has estado en Tesalónica? ¡Déjame saber qué piensas en los comentarios!

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