Varna, la niña bonita de Bulgaria

Varna

Tras nuestra estancia agridulce en Bucarest decidimos tomar rumbo finalmente hacia tierras búlgaras. Rumanía nos había conquistado y ahora teníamos ganas de descubrir Bulgaria, todavía más desconocida si cabe que su vecina.

CÓMO LLEGAR A VARNA

Los trenes rumanos nos habían quitado las ganas de coger más trenes en los próximos días, así que optamos por un autobús hasta Varna. Esta página web nos salvó la vida: AUTOGARI.

Lo tomamos en Gara du Nord sin reserva, pero no seáis insensatos. Id con tiempo y con el billete impreso. Ignoro si hay más compañías que operan este trayecto, pero preguntar en la estación de autobuses desde donde sale el vuestro es, incomprensiblemente, perder el tiempo. A media hora de la salida, nadie de los que allí trabajaban supo decirnos con exactitud desde qué andén salía el autobús a Varna.  ¿¡Qué!? Al final lo arreglamos a la vieja usanza: preguntando a la gente que deambulaba por allí. Y la solución era bien fácil… la parada está justo enfrente de la estación. Una vez llegó el autobús, vimos que subía y subía gente, todos apuntados en una lista del conductor. Sudamos la gota gorda pensando que ya no quedaría sitio, pero la suerte se puso de nuestro lado. El conductor nos cobró menos de 20 euros por cabeza (“no tengo cambio“, decía el muy listo, así que tenedlo en cuenta), por lo que al final todo salió a pedir de boca.

El viaje fue eteeeerno y agotador. A mitad de camino hay que cruzar la frontera búlgara, que parece sacada de los años 50. Nos pidieron los pasaportes/identificación a todos y se los quedaron un rato para comprobar quién sabe qué.

Al cabo de unas horas, llegamos. Por suerte Varna fue merecedora de todo el trajín: ¡qué ciudad tan bonita! Es la tercera ciudad más grande de Bulgaria, ubicada en la costa del Mar Negro. Nos alojamos en Central Varna Hostel, un hostal autosuficiente en el centro de la ciudad. Autosuficiente porque no hay personal de recepción, sino que va todo automático… Sumado a que estaba muy barato y suficientemente limpio, no nos podemos quejar, supongo. Eso sí, es la habitación más pequeña donde he estado jamás y espero no repetir… ¡Como en una cápsula, oiga! ¡Solo cabía la cama doble!

Varna tiene lo que más me gusta en una ciudad: grandes zonas donde pasear, muchas cosas que ver, y una playa larga y bonita donde pasar el verano. Soy débil al mar.

VARNA, LA NIÑA BONITA DE BULGARIA

Los dos días que estuvimos en Varna se nos quedaron cortos. Apenas pisamos el hostal porque sinceramente, no prestaba. El tiempo en Varna en agosto estuvo increíble y las calles están llenas de vida hasta bien entrada la noche. ¡Esto es lo que vimos!

SEA GARDEN

Posiblemente una de las mejores cosas que hacer en Varna es pasear por su Sea Garden, un parque verde enorme y de los más hermosos que he visto en una urbe. El paseo lleva hasta el mar. Es una separación ideal entre el centro histórico y la playa. Una zona preciosa para deambular y repetir un día tras otro. Tiene 26000 metros cuadrados con un buen puñado de actividades y monumentos que ver. Una joya imprescindible.

Varna
Sea Garden
Varna
Sea Garden

LA PLAYA

La playa, claro. Abarrotada, pero bonita. Un mar más frío que el nuestro nos da la bienvenida. Hay chiringuitos y restaurantes a pie de playa, pero curiosamente no hacen mucho daño a la vista. Todo está integrado apaciblemente. Eso sí, está llena hasta bien entrada la tarde, y es que a los búlgaros les encanta la playa y tomar el sol hasta estar rojos como gambas.

Varna
Las hermosas vistas de la playa

CATEDRAL DE LA DORMICIÓN

Catedral ortodoxa (la principal del Mar Negro) cuya primera piedra fue colocada en 1880. El interior es divino (¡divino!, ¿lo pilláis?…), en tranquilos tonos azules. Como nota a pie de página, todo el dinero utilizado para la construcción de esta catedral procede de loterías y donaciones.

Varna
Catedral de la Dormición

MUSEO ETNOGRÁFICO

Museo rápido de ver: tres pisos pequeños donde se muestran los objetos, los trajes y las labores que realizaron los búlgaros para subsistir: pesca, agricultura, cría de existencias… La casa, además, pertenece a la época del Renacimiento, allá hacia 1860. Interesante, aunque eché de menos un poco más de información. También reproduce el interior de una casa de una familia bien a finales del siglo XIX. ¿Merece la pena? De los museos etnográficos que vimos en Bulgaria, este es uno de los que más me gustó, pero si ya tenéis el cupo lleno de verlos, no hace falta.

Varna
Museo etnográfico

MUSEO NATIONAL REVIVAL

También visitamos este pequeño museo cerca del Museo Etnográfico. Este, si bien tiene alguna cosa curiosa, no lo recomiendo. Es muy pequeñito y con poca explicación. Se puede ver las asignaturas que cursaban los búlgaros en otra época y cómo eran sus aulas, entre otros. Poca cosa que rascar.

Varna
National Revival

MUSEO NAVAL

Lo cierto es que no pagamos para entrar en el museo, porque la mayoría de cosas se veían desde fuera… sin embargo, si el tema os llama mucho la atención, quizá valga la pena. Hay navíos de guerra, armas, misiles, etc.

Varna
Helicóptero

TERMAS ROMANAS

La otra gran visita en Varna. Son unas termas romanas muy grandes y bastante bien conservadas. Por alguna razón nos costó mucho encontrarlas, pese a que está todo muy bien indicado desde el centro con carteles. Ese día nos dio demasiado el sol en la cabeza.

Las termas públicas romanas o baños de Odessos, como se llamaba antiguamente Varna, datan de finales del siglo II dC, y son las más relevantes de todos los Balcanes. Se pueden encontrar los restos de todas las salas típicas de los baños romanos: frigidarium, caldarium, los aseos… Muy interesante, si os gusta la cultura romana. A mí, que me encanta el tema, me fascinó.

Varna
Termas romanas

CENTRO HISTÓRICO

Obviamente, no nos podemos ir de una ciudad sin ver su casco antiguo. El de Varna es pequeño, con bonitos suelos empedrados sencillos de recorrer y con muchas actividades temporales para que nadie se aburra en la ciudad. En nuestra estancia tuvimos la suerte de coincidir con festival en el que muchos países bailaban su danza folclórica particular. Cruzamos unas cuantas veces este lugar y nos detuvimos más de una vez a comer algo. Los locales adoran este sitio, y con razón.

Varna
Ópera de Varna

Y así, en un suspiro, se sucedieron los dos días que habíamos decidido destinar a Varna. Si no hubiéramos tenido ya la reserva del siguiente lugar, nos habríamos quedado más. Nuestro primer destino en Bulgaria no pudo gustarnos más. Desconocida, barata y bella, no sabíamos que las cosas iban a ponerse todavía mejor. Habíamos conectado con los Balcanes.

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