Hoy se cumple un año desde que, armados hasta las cejas con mochilas de Quechua y mucha ilusión, cogimos el avión a una vida nueva. Siempre recordaré ese avión en particular, que desencadenó el siguiente torrente incontrolable de aviones, autobuses, barcos, lanchas, barcas, motos, coches y un largo etcétera de transportes variopintos hasta llegar a los más fiables: nuestros pies. Me pregunto cuántos kilómetros hemos sumado a lo largo de este tiempo. Pero volvamos al pequeño avión que nos llevó al aeropuerto de Italia, y de ahí, a Rumanía. Esta fue la primera foto oficial de EL VIAJE:

Con apenas 40L en nuestras espaldas (más mochila de mano) hemos sobrevivido durante todo el año

Si tengo que hacer una recapitulación, lo primero que me viene a la cabeza es que no nos ha ido mal: después de doce meses, seguimos viajando, con (mucho) menos dinero pero con más ganas si cabe, y con muy pocos deseos de volver a casa. Se puede decir que hemos sobrevivido, lo que cuenta como logro; que no nos hemos matado el uno al otro, todavía; y que el mundo es más grande de lo que imaginé el primer día.

Explicar lo siguiente es complicado. Cada uno vive este tipo de experiencias de una forma única e intransferible, y sus sensaciones y sentimientos asociados a ella pueden ser tan diferentes como dos habitantes de dos planetas distintos. En cuanto a mí, no siento nostalgia. Me fascina el camino que hay por venir, buscar la respuesta a mis propias preguntas o encontrarme con más preguntas que respuestas, vivir en lugares donde hasta el cielo me es extraño y ajeno. Aunque a veces echo de menos a las personas de mi anterior vida (y el precio a pagar es alto: ya no estás ahí si tu familia enferma, si nace un nuevo miembro, si tus amigas se casan; y mucho más simple: no poder tomar unas cervezas con personas que quieres), no añoro la persona que yo era ni lo que hacía con mi preciada rueda del tiempo.

A continuación Ricard os cuenta un poquito sobre nuestra experiencia, cómo nos decidimos a dar el salto, qué paradas hemos hecho y cuáles han sido nuestras sensaciones. En fin, un pequeño resumen de lo que ha venido siendo nuestra vida en los últimos doce meses.

¿QUÉ NOS HIZO TOMAR ESTA DECISIÓN?

Un cúmulo de factores. Todo empezó a principios del 2017. Ambos habíamos terminado los estudios universitarios desde hacía aproximadamente un año y teníamos trabajo estable. Llevábamos dos años y medio viviendo juntos en un humilde piso, prácticamente sin amueblar, del que con el tiempo hicimos un hogar. Pero no era suficiente: la rutina nos quemaba por dentro y necesitábamos un cambio en nuestras vidas. Nuestro plan inicial era hacer un viaje largo por el sudeste asiático, tirando de ahorros, pero un vuelo barato a Rumanía nos decantó por Europa del Este. No tardamos en comprarlo.

Posteriormente, en abril fui yo (Ricard) quien dejó primero el trabajo, mientras que Jess esperó hasta junio, a sólo un mes del vuelo. Pero un gran descubrimiento de Jess nos hizo replantear nuestro futuro inmediato: el visado Working Holiday, algo de lo que nunca habíamos oído a hablar. Luego nos dimos cuenta de que fuera de España es de hecho muy popular. Parecía que el de Nueva Zelanda era relativamente sencillo de conseguir, pues no te pedían ningún tipo de estudios ni certificados, ni carta del gobierno ni nada por el estilo. El único inconveniente: sólo 200 plazas al año, las cuales abrían en un día y hora específicos del año, y por experiencias de otros viajeros se ve que volaban en cuestión de minutos.

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Requisitos del visado Working Holiday para españoles (Captura de immigration.govt.nz)

Y llegó el gran día, a mediados de abril: lamentablemente fracasamos en la aplicación, los dos, ya fuera por un lento ADSL, mala suerte o bien por no prepararnos lo suficiente. Entonces nos hicimos a la idea de que únicamente haríamos el viaje por Europa del Este, que tampoco pintaba mal. Pero hubo un nuevo giro el mes siguiente: y es que en la repesca es posible obtener una plaza, en detrimento de alguien a quien se la hayan denegado. Por suerte, Jess lo logró. Este empujón final nos animó a seguir viajando más allá de Europa, con la esperanza de conseguir el visado restante el año siguiente. La verdad es que no teníamos claro cómo saldría todo…

ETAPA 1. EUROPA DEL ESTE

Las primeras 6 semanas de viaje las pasamos en 3 países de Europa del Este: Rumanía, Bulgaria y Grecia. 3 lugares muy diferentes culturalmente, que merecen una visita mucho más larga, de los que sin embargo guardamos un gran recuerdo. En plena temporada alta, nos entró el miedo a quedarnos tirados sin alojamiento y decidimos reservarlo todo. Mientras en Grecia creemos que acertamos, puesto que es muy popular, en las otras dos naciones nos arrepentimos un poco: el turismo no es para nada masivo y puedes ir día a día perfectamente.

RUMANÍA

Una gran desconocida para el turista europeo occidental, pero con grandes atractivos. Estuvimos 15 días, un período cortísimo en nuestra opinión. Cogimos un avión desde Barcelona hasta Craiova, al oeste del país, con previa escala en Italia. En la citada ciudad no hay nada de especial pero era mucho más barato volar hasta allí que a Bucarest.

Como visitas imprescindibles, no puedes perderte el Castillo de Bran (el sitio más popular y turístico de Rumanía), el Casco Antiguo de Brasov, el Castillo de Sinaia (no vayas en lunes como hicimos nosotros, está cerrado) y, más alejada, la Salina Turda. Si te sobra tiempo, puedes dedicar unos días a las preciosas ciudades de Sibiu y Cluj-Napoca. No estuvimos en Constanza: ciudad costera con buenas playas. Bucarest no tiene nada de especial, con un par de días es suficiente.

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Interior de la Salina Turda: frío hostil en pleno mes de julio

BULGARIA

Bucarest fue nuestra última parada en Rumanía y desde ahí nos dirigimos por carretera a Varna, ciudad al este de Bulgaria, donde empezó nuestro viaje de 15 días por el país, que nuevamente se nos pasaron enseguida.

Si Rumanía parece desconocida, Bulgaria aún lo es más. Es uno de los países más pobres de la Unión Europea y eso se nota en los precios, pero también en la vida de la gente. A diferencia de Rumanía, en Bulgaria la comunicación en inglés puede ser más complicada, pues tienden a tener más turistas rusos. Para nuestra sorpresa, conocimos a mucha gente que sabía más español que inglés.

Bulgaria tampoco se queda corta en grandes atractivos: el Casco Antiguo de Plovdiv, la Tumba Tracia de Kazanlak, el Monasterio de Rila o las playas de Varna y Burgas. Paralelamente a los vecinos rumanos, la capital Sofía nos pareció la visita más prescindible.

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Monasterio de Rila: arte, religión y peregrinación

GRECIA

Para saltar a Grecia volvimos a elegir el autobús para plantarnos en Tesalónica, al norte del país. El plan era pasar 7 días en la península principal para terminar la siguiente semana en una de la muchas islas. Finalmente nos decantamos por la más grande y a la vez económica: Creta.

Grecia es espectacular. Su historia, su cocina, su gente… Todo lo que visitamos nos encantó. De largo, la visita más impresionante fue Meteora y sus asombrosos monasterios, en lo alto de las montañas, como si de algo divino se tratara. La ciudad de Atenas merece una larga estancia, sin olvidarse de su famoso Acrópolis, y nos gustó mucho el Casco Antiguo de Tesalónica, aunque si vas apretado de tiempo puedes prescindir de ella.

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Meteora: la recompensa en la cima es nivel Dios

Creta también dejó el listón muy alto. Sólo tuvimos tiempo de ver la parte oeste, pero sabemos que algún día volveremos para terminar la faena. La Garganta de Samaria, la playa paradisíaca y única de Balos y el Casco Antiguo de Chania son nuestros atractivos favoritos, y si te sobra tiempo puedes ir a la playa de Elafonisi y visitar las ciudades de Heraklion y Rethymno.

ETAPA 2. SUDESTE ASIÁTICO

Pasamos las 6 semanas en Europa y afortunadamente gastamos menos de lo que presupuestamos inicialmente, pero sabíamos que en el sudeste asiático todo sería aún más barato, así que había llegado el momento de cambiar de continente.

No teníamos claro donde ir primero, pero vimos la luz gracias a un vuelo baratísimo de Atenas a Singapur, sin escalas. Fueron 48 horas agotadoras: volvimos de Creta a Atenas en un ferry nocturno sin camarote para continuar con un vuelo de 11 horas, donde tampoco pudimos conciliar el sueño. Pero vaya si valió la pena por todo lo que vino después…

SINGAPUR

1 de setiembre. Eran las 6 de la mañana (hora local) y estábamos muertos de sueño. Para nuestra decepción, en el hostal no nos dejaban hacer el check-in hasta las 11, así que tuvimos que deambular por la ciudad como auténticos zombies. No empezaba la cosa muy bien…

Levantados de la (larga) siesta todo cambió. Singapur está de hecho más animada de noche que de día, y sin tener muchas expectativas de ella (porque no habíamos leído mucho) se convirtió en una de nuestras ciudades favoritas. Es única, parece el futuro. Si pudiera elegir una ciudad donde vivir, probablemente elegiría Singapur (Ricard). Su punto negativo es el alto coste del alojamiento, que nos obligó a irnos a los pocos días.

Aún siendo una ciudad pequeña (o más bien dicho, país pequeño), hay mucho que ver: el hotel Marina Bay es en si una atracción. En los alrededores se concentran un sinfín de centros comerciales, para agotar al ser más shopaholic. Pero eso no es todo: cada día a las 20h hay un festival de luces junto al río, completamente gratuito. Para tomar algo y salir de fiesta, la zona más animada es Clarke Quay. Si te sobra un día, dedícalo al parque temático de Sentosa: incluye los estudios Universal y una playa artificial muy decente.

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El festival de luces, con el Marina Bay de epicentro

MALASIA

Nuestra corta visita a Singapur nos sirvió de toma de contacto con el continente, un auténtico shock cultural. El 4 de setiembre (cumpleaños de Ricard) cogimos un bus que nos llevó a Melaka, al sudoeste de Malasia.

En Malasia estuvimos nada más y nada menos que 7 semanas, y eso que sólo visitamos la parte oeste. Es el mejor país del sudeste asiático para hacer una estancia larga, puesto que ofrece una visa on arrival de 90 días sin coste alguno. De Malasia nos fascinó su historia y su cultura gastronómica pero también su gente. La religión musulmana puede ser una barrera, pero hay que acostumbrarse a ello y ser respetuoso con sus creencias.

Las islas de Penang y Langkawi fueron nuestros rincones favoritos, donde pasamos un mes en total. La ciudad de Kuala Lumpur destaca más por sus centros comerciales que por su historia malaya, por lo que es suficiente con una visita de 3 o 4 días. O eso dicen: nosotros, que somos más raros que un perro verde, nos quedamos siete días en total. No fuimos ni a Taman Negara ni a las Islas Perhentian, que suelen ser destinos muy populares, ni a la península del Borneo, así que ya tenemos mil y una razones para volver.

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El arte callejero de Penang, de postal

TAILANDIA

Si nos has leído alguna vez, probablemente sabrás que Tailandia es nuestra segunda casa. Las sonrisas de los locales nos cambiaron la vida: fue el primer país de la región que visitamos, en unas cortas vacaciones en setiembre de 2016, que de alguna forma desencadenaron el gran viaje.

Esta vez la disfrutamos en todo su esplendor, durante 3 meses, coincidiendo con Navidades y Año Nuevo. Es difícil quedarse con lo mejor, depende de tus gustos: la gigante capital, Bangkok, genera mucha controversia: nosotros pasamos de odiarla a amarla. La ciudad de Chiang Mai es un paraíso para turistas y expatriados, con un enorme patrimonio cultural y gastronómico. ¡Incluso alquilamos un apartamento! Si quieres empaparte de templos, ruinas y mucha historia, no te pierdas Ayutthaya y/o Sukhothai. Y no hay que olvidarse de sus playas en cualquiera de sus islas paradisíacas. Nuestras favoritas de las que hemos visto hasta ahora son Ko Lipe y Ko Lanta.

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Fin de año en Chiang Mai: ¡qué tradición tan bonita!

Para nosotros siempre es difícil irnos de Tailandia. Pero nos esperaba una gran aventura en Laos.

LAOS

Laos es desgraciadamente uno de los países más pobres no sólo del sudeste asiático sino de todo el mundo. La Guerra del Vietnam tuvo unas consecuencias devastadoras para este país fronterizo, que aún hoy en día está sufriendo. Pero eso no quita que Laos sea un paraíso para los amantes de la naturaleza, el excursionismo y, en general, el turismo al aire libre. Paradójicamente, es uno de los países más caros de la región: adivinad donde va a parar el dinero…

Es muy fácil moverse por Laos, mucho más de lo que parece a simple vista, lo único es que requiere mucha más paciencia y capacidad de improvisación que en el resto de sus países vecinos, pues los transportes dependen mucho de las condiciones climatológicas y del número de turistas. Tenlo en cuenta por si vas en regiones más remotas o en temporada baja. En nuestro caso no tuvimos ningún problema durante todo el mes.

La ciudad de Luang Prabang, Patrimonio de la Humanidad, es el atractivo nº1 en las guías, de forma merecida. Otro destino que nos encantó fue Nong Khiaw, con un mirador espectacular y una oferta infinita para comer. Si te va la fiesta, haz una escapada de unos días a Vang Vieng. Vientiane está bien pero para no más de 3 días. Si vas a estar todo el mes, la aislada región de Pakse ofrece unos interesantes circuitos ideales para hacer en moto.

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Kuang Si Falls, visita imprescindible en Luang Prabang

CAMBOYA

El siguiente mes lo pasamos en Camboya, un país de muchos contrastes. El nivel de riqueza no es muy superior al de su vecina Laos, pero es cierto que denota más progreso en cuanto a infraestructuras, y los precios son en general inferiores. Por cierto, la moneda oficial local está muy devaluada y el dólar americano se usa en todas partes. ¡Globalización, amigos!

Hay dos destinos en Camboya que nos encantaron muy por encima del resto. Uno fue en tierra firme, Siem Reap, ciudad que alberga las ruinas del Angkor Wat, el atractivo más famoso y masificado del sudeste asiático. Y lo vale. El otro fue la isla de Koh Rong Sanloem, la cual no parece que pueda existir, donde los negocios escasean con el objetivo de no cargarse un paisaje de ensueño. Muy al nivel de Koh Lipe (Tailandia): es como elegir entre el padre o la madre.

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Atardecer en el Angkor Wat, historia viva de Siem Reap

VIETNAM

Con Vietnam finalizamos nuestra ruta por la Península de Indochina. Nos beneficiamos de una exención de visado, que por otro lado nos limitó el viaje a sólo 15 días, así que decidimos visitar sólo el sur del país. Igual como nos pasó en Tailandia, nos es difícil contar qué es lo que más nos gustó. Vimos el Delta del Mekong, la ciudad de Ho Chi Minh (famosa por haber casi más motos que personas), un poco de playa en Nha Trang, y terminamos en la localidad de Da Lat, donde nos tomamos un respiro del clima tropical.

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Una calle cualquiera en Ho Chi Minh City

BANGKOK Y KUALA LUMPUR: REPETIMOS

1 de Abril. La aplicación para el visado de Nueva Zelanda estaba de nuevo a la vuelta de la esquina. Era muy importante aprender de los errores del pasado, así que debíamos tener una buena conexión y practicar con mucha antelación. El hecho de estar en el extranjero también aumentaba considerablemente las probabilidades de conseguir una plaza, pues no había saturación en la red.

Barajamos dos opciones: pasar un mes en Malasia o en Tailandia, ya que son los dos únicos países de la región que ofrecen un visado gratuito para este período. Finalmente nos quedamos en un Airbnb en las afueras de Bangkok, a un precio insuperable, con fibra óptica, gimnasio y piscina. La experiencia no pudo ir mejor: ¡por suerte conseguimos el visado que nos faltaba! La verdad es que no teníamos muy claro cuál sería el Plan B, y finalmente no tuvimos que preocuparnos por ello. ¡Qué emoción, nos íbamos a Nueva Zelanda! Comprar el billete ya fue un mero trámite, lo único que tuvimos que hacer fue una escala de 3 días en Kuala Lumpur, en un hostal no muy decente, pero lo que importaba era el horizonte.

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Nueva Zelanda, ¡cuestión de horas!

Y así finalizamos 7 meses en el sudeste asiático, donde vimos y vivimos de todo. Una experiencia única pero que esperamos poder repetir en un futuro, pues es una región que nos ha maravillado.

ETAPA 3. NUEVA ZELANDA

Ahora mismo estamos escribiendo este post en Nueva Zelanda. ¡Estamos viviendo el sueño kiwi! Llevamos más de dos meses en La Tierra Media (¡fans de El Señor de los Anillos, manifestaos!) y este es un país en el que se vive. Se viven los amaneceres, se celebra el sol, se cuida la naturaleza y se ama el suelo en el que se ponen los pies (cuidadosamente enfundados en botas de agua, claro). Así son los neozelandeses: adoran su tierra, y eso se nota.

Actualmente nos encontramos en la ciudad de Gisborne, en la costa este de la Isla Norte. Trabajamos de lunes a viernes, vivimos en un pequeño cottage, compramos en el mercado local los sábados, y vamos de excursión cada fin de semana. Tenemos un grupo multicultural (dos alemanas, dos letones, dos franceses y nosotros) con el que hemos compartido tantas horas que ya son como parte de nuestra familia.

Sí, nos sentimos en casa. 🙂

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Uno de los muchos miradores naturales en Nueva Zelanda

ETAPA 4. ¿? ¿? ¿?

Nuestro futuro es incierto: no sabemos qué nos deparará el mes que viene, ni mucho menos cuando se acabe nuestro visado aquí. Para ser honestos, no nos preocupa demasiado: llegados a cierto punto, hay ansiedades y cavilaciones que dejan de tener peso. ¿Será el consabido carpe diem? Ya barajamos muchas opciones, y volver a casa, como podéis intuir, es una carta que queda descartada. Somos felices haciendo lo que hacemos, y pensamos seguir haciéndolo el máximo tiempo que nos sea posible.

Esperamos que nos sigáis acompañando en este viaje y que nos compartáis vuestras experiencias; os agradecemos mucho el apoyo que está teniendo el blog, nos sentimos muy arropados. 🙂

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